lunes 03 de mayo de 2010, 00:00h
Actualizado: 12/05/2010 13:41h
En muchas ocasiones, y desde mi asiento en el pleno municipal, observo como el presidente del Pleno, a la sazón el Alcalde de nuestra ciudad, tiende a desaparecer de los debates, ensimismado en toquetear obsesivamente su movil. La actuación merece, a mi juicio, un reproche de la corporación municipal, pero esencialmente de los madrileños y madrileñas. No he encontrado a ningún otro Alcalde que no debata sobre los problemas de su ciudad con el resto de formaciones políticas, mes tras mes como si estuviéramos en el “día de la marmota”, Gallardón pasa olímpicamente de lo que concurre en el pleno de la ciudad de la cual es Alcalde.
Esta lejanía y distanciamiento de lo que allí ocurre no son consecuencias excepcionales, es una decisión premeditada y organizada para tratar de devaluar los temas y problemas que allí debatimos el resto de personas que componemos la corporación municipal. El se sitúa muy cerca del monte Olimpo, donde mira con gran desden lo que hacemos el resto de mundanos.
Su excusa institucional es el reglamento del pleno, que transformo con una sola aspiración, pretender convertir el pleno municipal en un parlamento. Pero algo falla, cuando sus argumentos se caen por su propio peso, el Presidente del Pleno no es en ningún caso el presidente de la institución. Alguien imagina a Esperanza Aguirre o a José Luis Rodríguez Zapatero presidiendo la Asamblea de Madrid o el Congreso de los Diputados para evitar preguntas y debates con el resto de grupos políticos. Partiendo de una incoherencia, Gallardón siempre es capaz de crear una verdad artificial admitida sin reproche alguno por parte de medios de comunicación y opinión pública. Por eso, y desde hace años, siempre he pensado que Gallardón posee bula mediática, nadie le tose ni cuestiona.
En ocasiones, cada vez más esporádicas, suele aparecer con el fin de apuntillar alguna cuestión superficial o intentar subsanar con una frase grandilocuente la derrota en un debate de alguno de sus concejales o concejalas. Si no sucede ninguna de estas dos posibilidades, nos quedamos con un Alcalde que se limita a dar y retirar la palabra.
Aún recuerdo aquella frase de Gallardón a sus compañeros y compañeras en el congreso nacional del PP tras la debacle electoral de 2004, “algo debemos haber hecho mal”. Me gusta parafrasearla debe vez en cuando, no tanto por su ingenio, si por su aplicación en muchos casos como medicina para el mismo y su gobierno. Cuando en democracia se limita el debate o se huye de él bajo la excusa del reglamento creado a tú gusto, y tal circunstancia solo es reprochada por la oposición municipal, sin atisbo de critica por nadie más, me viene a la cabeza aquella pero en tiempo presente.
Daniel Viondi.
Concejal socialista en el Ayuntamiento de Madrid.