Los chicos de Historia es un montaje teatral que desde hace año y medio recorre España. Ahora llega al teatro del Canal solamente para dos semanas. La comedia de Alan Bennett tiene como atractivos destacados la presencia de Josep María Pou y de un excelente reparto de jóvenes actores.
El actor, director y traductor califica la obra como “insólita y extraña”.
Coincido con sus adjetivos, aunque no sé si por las mismas razones. Es insólito hoy que una productora privada afronte un proyecto así, con doce actores y un texto hermoso plagado de referencias literarias. Es, desde mi punto de vista, extraña porque, aparentemente, no pasa nada en escena. Durante todo el primer acto esperamos que suceda algo, pero no pasa. La teatralidad es escasa y Pou director intenta suplirlo con los números musicales de sus chicos. Conociendo que Josep María sabe más que nadie de musicales, no es extraño este acierto.
Cráneos privilegiados

No sé si en España, en colegios privados, habrá un grupo de mentes juveniles tan privilegiadas como las de estos chicos británicos. Son brillantes, agudos, saben tocar el piano y cantar, recrean escenas de películas y recitan largas tiradas de versos. Además logran triunfar académicamente. Lo que se cuestiona en la obra es el sistema de enseñanza. Pou-Héctor apuesta por formarlos, por enseñarles a pensar, a actuar en la vida, enfrentándose al sistema pedagógico convencional. Y sus chavales le quieren, permitiéndole algunas licencias. Abusos que acabarán por convertirse en el nudo argumental, aunque de manera bastante ligera. Al final la comedia resulta amable, bonita, pero no teatralmente apasionante. Para que funcione la representación era necesario un reparto como éste, de jóvenes y estupendos actores. Perfecto Albert Carbó en el difícil Posner -Judío, feo y homosexual ¡de puta madre!- que tiene una de las escenas más emotivas aguantándole el tipo a Pou. El trabajo de sus siete compañeros nos permite ser optimistas respecto al futuro teatral en el campo de la interpretación.
Pou actor
A estas alturas, Josep María Pou juega en la División de Honor del teatro Español junto a Flotats, José Luis Gómez, Hipólito, Sacristán y muy pocos más. En la última década el actor se ganado un merecido prestigio. Hace años que conozco a Pou y siempre me ha admirado su pasión por el oficio que ejerce. El Héctor de esta comedia lo hace primero con sus trucos de veterano cómico. Domina como nadie el tiempo, los silencios, la colocación de frases. Después, cuando aparece el conflicto, lo interioriza. Durante todo el segundo acto se desenvuelve en una introversión dolorosa que destila, como vemos al final, la amargura de una vida que él cree fracasada. Lo malo es que este profesor no será el último eslabón de la cadena. Siempre aparece un continuador que coge el testigo.
Hace tres años se estrenó otro montaje –El enemigo de la clase- sobre aulas conflictivas, en las antípodas de Los chicos de Historia. Aquel extraordinario espectáculo pasó injustamente sin pena ni gloria. A Los chicos… creo que les aguarda un futuro más prometedor en la taquilla.