Lo que queda de Liga no es mucho, total apenas “Mess-i-medio”. La distancia sideral que separa al Barça y al Real Madrid les otorga condiciones de galácticos por encima de los demás que viven una realidad paralela pero nunca semejante. El resto de la tabla juega a otra cosa aunque el balón es semejante pero no igual a tenor de los resultados. Nota al margen: el Real Madrid tiene un movimiento propio de distancia consigo mismo, pero de eso ya se ocuparán los críticos sí finalmente no consigue ningún título esta temporada. Y eso que Florentino “eltodopoderoso” había aterrizado en el palco para rescatar al Madrid de la sequía de triunfos.
Apenas quedan siete jornadas, es decir “Mess-i-medio, y salvo cataclismo cósmico no parece que la Cibeles vaya a sufrir algún asalto esta primavera, ya puede Gallardón retirar las vallas que seguro le pidió su buen amigo Fernández Tapias. No es la fuente de la diosa una delegación de las cataratas de Iguazú pero parece que bien pudiera ahogarse en sus aguas el proyecto Pelegrini, no tanto Valdano que tiene la virtud de flotar como un corcho… cuando las cosas van mal se sube a un adjetivo y navega lo que haga falta.
La diferencia entre el Madrid y el Barça son amplias, tanto en el proyecto como en la filosofía posterior con la que ha sido desarrollado. En el caso del Barcelona parece que han perdido el tiempo en pensar, en el caso de Florentino en comprar. No siempre ocurre pero, a veces, el talento le gana al poder.
Preparémonos para que este verano alguna entidad, igual que hizo Caja Madrid hace un año, le preste a Florentino una hijuela para que pueda comprar más jugadores de postín. Y los que no le sirven irán a una almoneda benéfica.
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