lunes 29 de marzo de 2010, 00:00h
Actualizado: 05/04/2010 12:36h
Partiendo de que generalizar nunca es bueno sano ni sensato, estos días he visto leído y escuchado mucho de igualdad, ley de paridad, feminismo y demás tópicos relacionados con el punto de vista de este cincuenta por ciento que somos las mujeres, hecho determinado solo por la casualidad no elegida, de haber nacido hembra.
Y recordemos que en tiempos de antaño, no tan lejanos, mujeres de Madrid no tenían derechos legales básicos como votar, vender o escriturar bienes sin la firma de maridos, padres o tutores, y que hoy, gracias a nuestras leyes actuales y a las primeras feministas, disfrutamos una igualdad legal en todos los aspectos.
No necesitamos más ayudas que nos hacen caer en la trampa de regirnos por valores masculinos.
Yo no quiero ser cuota de nada solo por hecho de haber nacido mujer.
La teoría es que si hay un 80 a 20 por ciento en sectores o empresas de dominio masculino habría que dejar fuera a un 30 por ciento masculino, por cumplir la dichosa cuota.
No creo que esa sea la igualdad que queríamos, ni me parece justo.
Yo no quiero que mujeres torpes arrebaten oportunidades a hombres valiosos, con el exacto mismo argumento que me molesta tanto lo contrario.
Esta sería una discriminación a la inversa o discriminación positiva.
Nunca he visto mujeres feministas en las puertas de Mercamadrid pidiendo ley de igualdad y los mismos puestos que ellos descargando mercancías, ni en minas o en barcos pesqueros gallegos.
Seamos serias para que nos tomen en serio.
Igualdad es que a mismo nivel de preparación, mismas oportunidades de selección, promoción y remuneración.
Y hoy sé de muchos empresarios que ya prefieren trabajar siempre con mujeres por su resolución dedicación y capacidad laboral seria y profesional sin ver a hombres protestando por ello, y por no cumplir con la cuota masculina.
¿Y entonces de qué hablamos?
Las mujeres actuales nos graduamos y licenciamos más que ellos, hemos logrado el nivel cultural deseado a base de esfuerzo, nos incorporamos al mundo laboral y sufrimos la crisis igual que ellos.
Nadie puede discriminarte por ser mujer si tu trabajo es impecable y tenemos cientos de ejemplos en la presidencia de bancos, empresas internacionales, presidentas de firmas de automóviles, prensa, fundaciones y un largo etcétera.
Ahora bien, no podemos esperar que por ser mujer tengamos que ejercer de ello. Detesto a las mujeres que se valen de serlo para llegar antes más alto y más lejos por otra serie de artes, y esto nos hace mucho daño a las demás y tampoco se habla mucho de ello en el sector feminista. ¿O eso no es discriminar a las demás?.
Vivimos en un mercado laboral libre donde no se puede legislar todo y tanto. Necesitamos el sentido común y la educación desde las bases familiares que es donde enseñar y aprender a respetar, trabajar y crecer en la igualdad y el respeto entre ambos sexos, no por ley pero sí por cariño, respeto y principios.