Medio millar de personas tienen tiempo para unirse un martes por la mañana e ir a zarandear al rector de la Complutense. Acto poco edificante para unos universitarios a los que se les supone el don de la palabra y la capacidad de la asamblea no violenta; confundir una protesta con los ensayos de los ultrasur trae estas consecuencias tan poco deseables. Las imágenes del rector Carlos Berzosa acorralado, escupido y zarandeado por un grupo de iracundos provocan estupor.
La rebelión es una seña de los estudiantes, de ahí que se cuestionen el mundo, los sistemas, las normas y la sociedad. Pero no es propio de estudiantes agredir físicamente a un rector cuando se le puede llevar la contraria de forma inteligente, sin llegar a las manos.
Sucede que los iracundos son convocados por una “fuerza oculta” que responde a otro tipo de intereses. Hoy les ha llamado al campus pero mañana pueden zarandear a un político, a un artista, a un futbolista. Una vez que se ha creado la división de los iracundos resulta muy difícil de desconvocar. Se supone que dentro de poco aparecerán sus promotores sacando pecho de esta vergonzosa rebeldía mal entendida.
Extraños tiempos en los que los universitarios se quejan sólo para que los colegios mayores no sean mixtos, ¿acaso no hay otros problemas de mayor cuantía en la Universidad española? Parece que no. Una ola de puritanismo no lejano a posiciones ultracatólicas está detrás de estos iracundos del Señor.
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