lunes 15 de marzo de 2010, 00:00h
Actualizado: 22/03/2010 10:26h
Los conductores comprobamos que en Madrid tenemos pasos subterráneos con chorreras; es decir, pasos con filtraciones de agua que se convierten en chorros que caen de forma permanente, lo que puede parecerle al forastero que son elementos acuáticos de decoración, que forman parte del ornamento de los túneles para limar la aspereza del paisaje subterráneo. Pues no. Son brotes espontáneos de agua que surgen de los techos abovedados o planos, sin que sea menester que haya llovido, lo cual significa que estos chorros se deben a filtraciones de origen desconocido, desconocido porque me consta que no se ha investigado, dado que esos chorros se localizan en el mismo punto desde hace ya algunos años, es decir, que se han convertido en parte del paisaje.
Lo peor de todo es que esta circunstancia, este chorreo, estos goteros, no están relacionados con la antigüedad de la obra; es decir, que se producen en los pasos subterráneos más antiguos, y el de la calle Alfonso XII es el primero que se hizo en Madrid, hasta los más modernos, los de la M-30 y el recién prolongado del paseo de Santa María de la Cabeza.
Si circuláramos en coche descapotable, al salir de algunos pasos, lo haríamos como duchados, de ahí que los motoristas, que ya se conocen la localización de los chorros, los esquiven con tiempo. Si la circulación por el subterráneo de turno es fluida, pasamos bajo el chorro de forma rápida, y apenas quedan algunos goterones en el parabrisas o en el techo del coche. Lo peor es cuando hay atasco y tienes la mala suerte de pararte, por exigencias del guión circulatorio, debajo de la ducha que mana; entonces, durante el tiempo que dura la parada, el coche recibe una especie de lavado en túnel, que generalmente ensucia más que limpia.
Y no es el caso de un túnel o de dos. Puedo poner como ejemplo los que frecuento a diario, entendiendo que los restantes no están exentos de esta circunstancia. Chorros que caen del techo en los pasos subterráneos de la calle Alfonso XII, en el de la glorieta de Atocha, en el de O´Donnell, en el de Santa María de la Cabeza y en algunos tramos de los de la M-30, con especial atención a la salida de ésta hacia la carretera de Toledo, donde podemos admirar el chorro más llamativo de todos.
Insisto en que no es producto de la temporada de lluvias que llevamos, porque estas fuentes espontáneas tienen ya años de vida y manan con el mismo caudal en invierno que en verano, lo que hace sospechar que se trata de filtraciones, producto de averías o de una mala ejecución de la obra. Pero extraña que los pasos subterráneos de Madrid, dotados de cámaras de vigilancia, no detecten estas fuentes para proceder a cegarlas.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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