viernes 26 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 04/03/2010 17:18h
El debate está en la calle. Y allí va a seguir, porque tiene todos los ingredientes para provocar el máximo interés: toca nuestra economía, nuestro futuro y nuestra seguridad. ¿Debe prolongarse la edad de jubilación? Llevamos años escuchando que el actual sistema de pensiones corre peligro, que es insostenible si cada vez la población activa es menos y la pasiva crece y crece. Antiguamente, cuando alguien se jubilaba sabía que tenía por delante diez años de vida; algo más con suerte y buena salud. Ahora, es normal vivir hasta casi los 90. Y hay quien anticipa –voluntaria o involuntariamente- su jubilación a los 60, 59, 58 … en banca no es extraño que haya prejubilados con 50 años, un auténtico disparate en un país que no se puede permitir, en mi modesta opinión, ese desperdicio de fuerza de trabajo con experiencia y criterio.
Acabar con la sangría de las prejubilaciones puede ser una medida a tomar –aunque muchos esperen con ilusión esa posibilidad de escapar de la rutina laboral diez años antes y con casi su sueldo íntegro, es un lujo que no nos podemos permitir como país-. Que los jóvenes inicien antes su andadura en el mercado laboral, es otra. Y no me refiero a que empiecen a trabajar antes, sino a que desde que empiezan a hacerlo cuenten con contratos como Dios manda, no de becarios, en prácticas o simplemente sin contratos. Muchos jóvenes no empiezan a cotizar realmente hasta cerca de los 30, cuando llevan bastantes años antes incorporados de hecho al mercado laboral, mediante alguna de las modalidades-trampa que se pusieron en marcha para fomentar el empleo y que, a la postre, han sido utilizadas por empresarios “vivos” para sanear sus cuentas de resultados y obtener mano de obra barata.
Pero ¿jubilarse a los 67? Podría ser, siempre con carácter voluntario y previo establecimiento de alguna bonificación o ventaja para el que opte por esa vía. Y como medida ligada muy directamente al tipo de trabajo de cada cual: no es lo mismo trabajar en una oficina que en una obra o en el campo, o en labores que precisan de minuciosidad, atención, buena vista y mejor pulso. Claro que para algunos, los que rondamos la cuarentena y vemos el futuro laboral casi como una amenaza, la auténtica pregunta no es si deberemos o no trabajar a los 67, sino si conseguiremos mantener nuestro puesto de trabajo al menos durante diez años más.