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Zapatero y Rajoy hacen “edredoning”

Zapatero y Rajoy hacen “edredoning”

Por Rafael Martínez-Simancas
jueves 18 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 25/02/2010 16:55h
El 70 por ciento de la población pasó de ellos, apenas el 30 les siguió con interés. Si llega a ser un programa de televisión les habrían quitado de la parrilla inmediatamente pero Zapatero y Rajoy están llamados a nuevas citas con la audiencia. La verdad es que son solemnes y previsibles, coñazos en grado sumo. Fue la discusión entre un cabezota y un sordo. Dos tipos que son incapaces de ponerse de acuerdo ni cuando la ciudadanía reclama medidas contundentes para remediar la crisis, en cambio ellos no salen de la frase hecha y de la mirada de película de acción de serie B.

La única manera de que tuvieran audiencia sería que Rajoy y Zapatero practicaran el “edredoning” en casa Bono, de tal forma que el personal se quedara enganchado a la pantalla para ver lo que se dicen entre dientes y entre vaivenes.  No se ponen de acuerdo cuando se trata de hablar de la economía nacional pero rápidamente, y por teléfono, solucionaron la crisis de la banca, que es la denuncia que les hizo Rosa Díez pero que no les afectó en absoluto. Ellos van a lo suyo, uno obcecado en mantenerse en el poder porque ve brotes verdes por todas partes, y el otro creyendo que es la solución de todos los males, el rey del Mambo al que se le escapó el mejor trompetista antes del debate, Manuel Pizarro.

Con su falta de ilusión y su incapacidad de conectar con la realidad cotidiana quieren gobernarnos el resto de nuestras vidas. Habrá que adaptar el lema británico de “¡Dios salve a la reina!”, para que Dios nos salve también a los que ni somos reinas, ni somos creyentes. La confianza que inspiran ambos líderes es parecida a la que transmite el cirujano que te va a operar entrando en el quirófano con el libro “Manual de Primeros Auxilios”.

Si descontamos la cantidad de altos cargos y de subsecretarios que siguieron las intervenciones con interés, nos queda un pírrico porcentaje de personas que prestaron atención a sus palabras. Póngale a eso el IVA, quítenle el IRPF y queda una porquería de debate, para qué vamos a engañarnos.

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