Trasplantes... sí, gracias
Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 13 de enero de 2010, 00:00h
Actualizado: 20/01/2010 12:17h
¡Cuántas vidas se han salvado gracias a los trasplantes!. Una técnica que no ha recibido todavía el homenaje que se merece. La técnica y los responsables sanitarios encargados de llevarlas a cabo, claro está. Y en esto no sólo son los médicos, aunque el porcentaje de su participación sea abrumadora. Para poner un órgano en otro cuerpo es preciso mantener un comportamiento en cadena, que ensalza la labor de todo un equipo que debe moverse con precisión y en momentos concretos. Aquí no hay horas ni horarios.
Pero todo tiene su lado negativo, aunque, como en este caso, se difumine tanto como se difumina. Estoy hablando de la relación que hay entre accidentes de tráfico y donaciones de órganos. Está claro que reducir las muertes en las carreteras es una obligación y un acierto reconocido y sin discusión. El carné por puntos resulta positivo en ese sentido. Lo que no quita que haya otra actividad que haya resultado alterada, inicialmente, por esta circunstancia. Menos mal que, al parecer y por lo que proclaman los datos, la solidaridad en España se entiende perfectamente y va más allá de lo que la propia organización podría imaginar. El año pasado y, a pesar del espectacular descenso de donantes por la reducción de los accidentes de carretera, nuestro país ha sido, de nuevo, líder en trasplantes de órganos. Se han intervenido a más de 4.000 enfermos, gracias a 1600 personas que proporcionaron vida a otros.
Se puede decir que la gestión de la Organización Nacional de Trasplantes ha sido positiva. Ha reaccionado pronto y bien, porque al percibir que los potenciales donantes iban siendo cada vez menos, puso en práctica nuevas técnicas que han permitido la llegada de riñones e hígados de personas de mayor edad, por una parte, y la incorporación de un programa que facilita la donación de un vivo para mantener con vida a un enfermo. El incremento de este sistema está permitiendo a España mantenerse como líder.
Ahora queda algún problema por resolver porque el hecho de que los donantes tengan edades superiores a los 60 años facilita la llegada de órganos a los más mayores, pero dificulta el acceso a ellos de los más jóvenes. De ahí que el reto que se plantean los responsables es aumentar esas donaciones entre personas que están vivas y seguirán estándolo después de la donación.
Se trata de un sistema que se practica desde hace poco tiempo en España pero que es esperanzador. Si un familiar está dispuesto a donar un órgano a un ser querido que lo necesita y fuese incompatible, se busca entre otros necesitados que tengan una pareja dispuesta a participara en el programa para salvar la vida de su ser querido. Se dona a ese desconocido a cambio de que su familiar reciba lo que necesita. De este modo se amplían y mucho las posibilidades de encontrar compatibilidad. Es decir, que la técnica más moderna, en vez de tener donante y receptor, tiene parejas completas que buscan un igual para cruzar la donación. Viva la imaginación y la ciencia.