Se acaban las navidades... gracias
Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 06 de enero de 2010, 00:00h
Actualizado: 13/01/2010 12:56h
Por fin ha llegado el final de las fiestas. Se han terminado las Navidades. Esos que se llaman “días señalados” han llegado al final de su recorrido. Menos mal, porque no podía más. He comido mucho más de lo que soy capaz de asimilar. El estómago se está pegando una paliza con tantas digestiones y en tiempos tan inusuales que ya no sabe si tiene que empezar o terminar la función digestiva.
Han sido comidas, meriendas, copas, cenas y hasta desayunos, porque en estas Navidades, con el objetivo de satisfacer los amplios deseos de cariño de amigos que no veo nunca y que no me acuerdo de ellos jamás, he tenido que ampliar mis horarios para sentarme alrededor de una mesa con ellos y hablar, a veces de cosas que no me acuerdo o de eventos que se han desfigurado tanto con el tiempo que ha pasado, que creo que nunca existieron, o al menos, no se produjeron tal y como los contamos en esas reuniones interminables, que piden a gritos un final urgente. Cada año comemos más, en esas comidas que terminan sentando mal y que nos tienen unos días, más pendientes del servicio que de la mesa. Pero no importan, son las Navidades, son esos días tan señalados.
Lo de la comida y la bebida es grave, pero ¿y los regalos?. Hay que comprar en Navidad para ponerlo en el árbol, pero sin olvidar los Reyes Magos, que es la auténtica tradición de todos nosotros, los que nacimos y vivimos en la piel de toro. Y encima hay quien ha introducido en “estas fiestas tan señaladas”, el amigo invisible. Como si no tuviéramos bastantes amigos para reunirnos a comer, cenar, tomar copas y desayunar.....,que ya no encontramos ni fechas, ni horas para verlos, como para que alguien me busque, encima, amigos invisibles. Pues los tengo.
Uno de estos días, me llamó mi hermana y me dijo que habían sorteado los amigos invisibles y que yo tenía que sacar un nombre. Lógicamente extraje el papel y tengo que hacer un regalo a un tal Jacinto, que no sé quien es, ni lo que le gusta, ni siquiera sé si existe, porque es desconocido y encima invisible. Pero lo peor de todo, es que le tengo que hacer un regalo en plan discreto, sin decírselo a nadie y sin que ninguno de los demás, de los que estuvieron en la reunión de fin de año supiera que se lo había hecho yo.
Le compré chocolate. Supuse que es algo que le gusta a todo el mundo. Conocí a Jacinto en el momento en que cogió el paquete que yo le había hecho y al que no perdí de vista en ningún momento, porque quería conocer a mi amigo invisible, que dejó de serlo aquella noche y que, posiblemente, no volveré a ver hasta el año que viene, si es que sigue siendo vecino de mi hermana y no le trasladan a Sevilla o a cualquier otro lugar a lo largo de 2010.
Que quieren que les diga. He engordado varios kilos por comer cosas que no me apetecían. He tenido el estómago “chungo” por esas sesiones de mesa y por los alimentos que le he ido suministrando y, por cierto, que me han costado “un riñón”. Porque esa es otra, comer en un restaurante cualquier día de estos, los que van desde el 15 de Diciembre al 6 de Enero, se convierte en una aventura para encontrar sitio y en un fastidio porque las facturas superan las de cualquier día del año.
Y eso sin hablar de las colas que se forman para comprar cualquier tontería en las tiendas, supermercados y grandes almacenes. Atascos para llegar a los centros comerciales, los precios y las esperas para encontrar las tallas, porque se acaban hasta las tallas más grandes y las más pequeñas. El caso es comprar. Da igual, si le queda mal ya lo descambiará. Lo que importa es hacer ese regalo que no necesita, que no le gusta y que encima no le sirve.
Y no se lo pierdan, porque los vaqueros que me ha traído Papa Noel o los Reyes Magos, no me acuerdo, no tienen cremallera. Se abrochan con botones, esos metálicos que les gustan tanto a los americanos, pero que a nosotros nos impiden ir al servicio con comodidad, por las dificultades para abrocharlos. Se acaban las Navidades, pero yo creo que tendré que salir a calle con sonda en la vejiga, si quiero usar los vaqueros nuevos.