www.madridiario.es
Este año puñetero

Este año puñetero

martes 29 de diciembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 04/01/2010 15:17h
Despedirse de 2009 no va a ser difícil. De hecho, creo que es uno de los años que menos simpatías han generado entre los españoles, en general, y entre buena parte del mundo occidental también. Ha sido el año de la crisis, con cientos de miles de parados ahogando sus penas como han podido, sabiendo algunos que, por edad y circunstancias, los EREs y las quiebras les dejaban sin el último trabajo fijo que tendrían en sus vidas. La crisis nos ha traído por la calle de la amargura, aunque muchos sigamos viendo los bares y restaurantes llenos los fines de semana. Sólo hay que ver el ambiente en la ciudad esta Navidad: desde dentro de las tiendas ven desesperados el paseillo que hacen los clientes, que miran el escaparate pero no entran a comprar.

Ha sido el año del desastre de Air Comet, que ha dejado a miles de personas al borde de la desesperación, varados en plenas fiestas en el suelo de un aeropuerto, después de gastar lo que no tenían en el billete de un avión que nunca voló, y con las maletas llenas de regalos que no podrán entregar a sus familiares.

Es el año en que en Madrid se han seguido abandonando recién nacidos. Algunos, como el pequeño encontrado en la calle Duque de Sesto hace sólo unos días, tuvo la suerte de hacer ruido y ser rescatado por un hombre que paseaba a su perra. Gracias a ello, sigue vivo. Otros no tuvieron tanta fortuna, y acabaron entre las basuras de Valdemingómez, víctimas de personas con el corazón de piedra.

Para Madrid, ha sido un año de vallas, zanjas y cemento: año de obras que salpimentaban las calles en un intento desesperado del Gobierno central por conseguir animar el mercado del trabajo, y del local por cumplir, aunque fuera con dinero de otros, sus promesas electorales. Y también ha sido 2009 el año en que nos quedamos sin Juegos Olímpicos, y a ratos sin ilusión.

Por eso muchos brindarán al acabar 2009, sólo por la alegría de despedir un año tan puñetero. Aunque sea casi inevitable sentir un cierto respeto -seguramente supersticioso- por lo que puede venir. Como el gato escaldado, o el perro apaleado, tememos el futuro por si lo que hemos visto hasta ahora era sólo gris marengo...
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios