lunes 28 de diciembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 29/12/2009 20:47h
En torno a estas fechas, uno siempre duda de lo que lee, por temor a que alguien nos "cuele" como verdad lo que sólo es una broma. Por eso, y por si han estado jugando al despiste los días antes, hay noticias que te hacen desconfiar sobre si serán verdaderas o no. Por ejemplo, eso que han dicho los responsables municipales: que van a descontar, de las obligaciones que tienen con el Estado y la Comunidad madrileña, lo que estas administraciones les deben a su vez a ellos. Vamos, es como si usted y yo decidimos mandar el recibo del IBI -o el de la tasa de basuras- con un apunte a boli por detrás: en el importe, en lugar de 300 euros -o 200, o 500 ...- sólo le mando 150 porque lo demás es lo que ustedes me deben en correcta limpieza de mi calle, o en tiempo que pierdo cada día en los atascos, etc, etc, etc.
Otra noticia que me hace sospechar de una inocentada precoz: lo de los pasajeros que Air Comet ha dejado colgados. Así que un negocio privado se va a pique por diversas razones, sus clientes salen seriamente perjudicados, y es el Estado, con dinero público -es decir, de usted y mío- quien tiene que pagar los pasajes de ida, el combustible de los aviones, los hoteles donde se les aloja hasta que se consigan suficientes vuelos, y hasta los cafés y bocadillos que se les ha proporcionado estos días en los aeropuertos. Alguien ha dicho en Fomento que se le va a hacer pagar a los responsables de la compañía hasta la última peseta. Una idea que comparto, pero que de nuevo me vuelve a hacer desconfiar: ¿también esto será una inocentada? ¿alguien puede creerse que los responsables de una sociedad anónima van a correr con las pérdidas de su mala gestión? Hasta a mí, que soy de natural bastante simple, me cuesta creerlo.
Pero hay más: voluntarios que trabajan en El Gallinero, una zona de la Cañada Real junto a Vallecas donde viven en condiciones tercermundistas centenares de personas, adultos y niños, han pedido una vida digna para estos vecinos de cuarta: agua potable, marquesinas para que los chavales esperen el autobús sin jugarse la vida, puntos de luz seguros que no comprometan la seguridad de las infraviviendas... No sé quiénes son, en este caso, los más inocentes: si estos voluntarios por pensar que quienes controlan los poderes públicos tienen sensibilidad por estas realidades; o si los políticos en los gobiernos por creer que mirando a otro lado el problema va a desaparecer. Las cosas de palacio van despacio, dice el refrán: la burocracia tiene sus tiempos, el acuerdo para la desaparición de la Cañada Real ya hace meses que se firmó, y seguirá dando sus pasos, tropezando y avanzando a trompicones por los despachos, mientras el barro sigue acumulándose a las puertas de las casas del Gallinero. Feliz Navidad.