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Horas de espera en los atascos de los taxistas

Horas de espera en los atascos de los taxistas

jueves 17 de diciembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 19/12/2009 18:18h
Llevaba varios días observando en los taxis madrileños cárteles de rechazo a la Ley Ómnibus porque uno de sus artículos prevé medidas liberalizadoras en el sector. Poco o nada sé de esta nueva regulación del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, obligado a ello por una directiva europea  sobre liberalización de servicios y que tanta ofuscación ha provocado entre los “pelas” de la región.

Temen que el negocio del taxi sea asaltado por los dueños de grandes empresas de transporte, algo así como una competencia no muy leal que hiere a unos trabajadores duramente castigados por la crisis económica y con pocas posibilidades reales de hacer sombra a señores poderosos que pueden llenar las calles de coches privados a precios que podrían arrasar las tarifas actuales conducidos por empleados precarios.

Esta es la cara más amarga del liberalismo económico, la que obliga a poner, a los más débiles,  la otra mejilla, la de la resignación y de la constatación de que siempre gana el que más puede. Es la Ley de la Selva. No tengo ninguna duda de que los taxistas tienen razones más que lógicas para poner pegatinas en sus coches contra la Ley Ómnibus y estar hasta los huevos de los gobernantes que les hacen más difícil la vida, pero seguro que no toda la razón.

Seguro que entre todos, y con la buena voluntad de todos, es posible limar los aspectos más dañinos de la citada norma, pero esa salida es una posibilidad futura. Aunque no tengo ni puta idea de los motivos de unos y otros para llegar al punto de desencuentro actual, lo que sí sé es que la movilización de taxistas,  venidos de toda España a la capital para protestar contra Zapatero y contra los que les hacen jugadas sucias y propuestas deshonestas,  provocó unos atascos extraordinarios.

No tengo nada contra los taxistas ni contra sus reivindicaciones, todo lo contrario, pero me pone de los nervios que los responsables de ordenar el tráfico sean incapaces de controlar la situación para impedir que el caos se adueñe de las calles y las vías de circulación. Comprobé en directo que la Policía Municipal no había previsto que miles de taxistas en marcha de protesta provocarían lo que sucedió. Me dirigía desde la carretera de Valencia a Atocha y un recorrido normal de 10 minutos se convirtió en un atasco de 50 minutos.

Ni un solo agente municipal indicando a los conductores que la Avenida del Mediterráneo estaba hasta los topes porque era imposible llegar a Atocha. Ni un solo “pitufo” para indicarnos que saliésemos del carril para cruzar la vía y dar marcha atrás. Todavía no sabía qué pasaba ni dónde estaban los agentes que controlan el tráfico. Me desvié y llegué a la Avenida Ciudad de Barcelona, la recorrí con intención de dirigirme a Atocha lo antes posible y a la altura de Menéndez Pelayo, otro atasco. En esta ocasión, una valla y unos municipales cortaban el paso. De nuevo, a buscar otro trayecto para llegar a la Puerta del Sol, a la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno.

Llegué dos horas después de lo previsto por la incapacidad de los gobernantes del Ayuntamiento de Madrid para ordenar el tráfico un día de marcha de los taxistas madrileños. Ya de regreso a la sede vallecana de la Asamblea de Madrid, de nuevo cerca de Atocha. Otro follón porque todavía quedaba sin ordenar mucho de lo desordenado en las calles madrileñas, pero en esta ocasión unos agentes locales ayudaban y el caos se diluía con el paso de los minutos y los vehículos. Este día regalé a no sé quién demasiadas horas metido en un coche porque unos incapaces no se tomaron en serio las demandas de los taxistas.

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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