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La basura nuestra de cada día

La basura nuestra de cada día

Por Pedro Fernández Vicente
miércoles 21 de octubre de 2009, 00:00h
Actualizado: 27/10/2009 11:33h
Sería conveniente que los políticos del mismo partido unificasen sus criterios para gobernar allá donde los pongan los ciudadanos. Que lo bueno lo sea en cualquier punto y lugar y lo malo no sirva de moneda de cambio por intereses personales, ocasionales o de grupo. A estas alturas de la historia los ciudadanos no nos extrañamos de nada, pero cada cual alimenta una imagen concreta y no siempre es la más conveniente. Vemos con cierta indiferencia como un concejal o diputado de un partido crítica sin el menor decoro aquí lo que otro compañero suyo de siglas, o él mismo, si hubiese que hacerlo, potencia, defiende y aplica allá. Lo vemos sin inmutarnos porque sucede a diario. Moción de censura aprovechando la fuerza que proporciona un tránsfuga o un impuesto de basura, da igual, el caso es que tanto el PSOE como el PP lo usan a discreción sin importarles para nada lo que piensen, esos a los que más tarde habrá que pedirles el voto.

Todo esto viene a cuento por el basurazo, como se le conoce ya popularmente, y  que ha puesto en marcha el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón. Desconozco si las arcas municipales pueden vivir sin él o les resulta imprescindible para mantenerse mínimamente saneadas, pero se trata de una decisión discutida. A a los ciudadanos no nos gusta pagar más de lo que pagamos, que no es poco. Pero si a esta oposición natural del hombre a desprenderse de lo suyo, se suma la crítica feroz del líder de la oposición,  como en este caso, la confusión invade definitivamente a los que pagan.

En estas circunstancias no hay debate sobre la conveniencia, la cantidad, la forma o el fondo de esta tasa. Lo único que percibe el ciudadano es que David Lucas niega la necesidad del impuesto, el mismo que Alberto Ruiz Gallardón considera justo y necesario para mantener los servicios, ahora que el gobierno anuncia una reducción de las aportaciones a los ayuntamientos. Y se cruzan acusaciones, como  que Lucas gravó a los vecinos de Getafe con lo mismo que ahora repele, y Gallardón se encuentra con que su partido ha rechazado ese impuesto en otros municipios como Alcobendas, en incluso lo ha retirado al llegar al gobierno, y sin embargo se dispone a obligar, a los de la capital, a pagarlo.

Va a ser verdad eso que dice un amigo mío, al que no quiero hacer caso, de que son todos iguales. Y es lógico que la conclusión superficial a la que se llega sea esa: “son todos iguales”. No hay diferencia porque solo depende si gobiernan o no. Resulta que Lucas dice en un sitio lo que niega en otro y Gallardón defiende en la capital lo que su partido niega en Alcobendas. ¿Dónde estamos?

Estaría bien que los políticos, los que se reúnen alrededor de una siglas, respetasen sus propios principios. Naturalmente que es posible que un ayuntamiento precise lo que otro no, pero eso hay que debatirlo, explicarlo y apoyarlo todo el partido, incluso toda la corporación, si queremos que los ciudadanos veamos la labor política como lo que es: un trabajo digno, con decisiones polémicas, claro que sí, pero defendibles, rigurosamente analizadas y basadas en un programa común que ha ganado unas elecciones.  Cuesta trabajo estar convencido a la hora de pagar un tributo, tasa o impuesto, da igual, cuando el alcalde dice que si y la presidenta del mismo partido lo pone en duda. 
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