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Crítica teatral. - Cosmética del enemigo: ¿Quién es Textor?

Crítica teatral. - Cosmética del enemigo: ¿Quién es Textor?

viernes 09 de octubre de 2009, 00:00h
Actualizado: 11/10/2009 12:50h
Llega al teatro Fernán Gómez “Cosmética del enemigo”, adaptación para la escena de la novela de Amélie Nothomb. Como tantas veces en productos procedentes de Francia, se intenta dar un barniz de trascendencia a lo que es poco más que una anécdota: el remordimiento, el sentimiento de culpa del protagonista.
En la sala de espera de un aeropuerto dos hombres entablan conversación mientras esperan su vuelo demorado. Uno de ellos, Textor Texel, fuerza el diálogo demostrando conocer bastante bien a su interlocutor. La situación es incómoda y se va tornando progresivamente dramática. ¿Quién es realmente Textor Texel? El público que no lo haya adivinado pronto –no es difícil averiguarlo- encuentra la solución en los últimos minutos. Y puede preguntarse si para ese viaje hacían falta estas alforjas.

Castejón y Carrión
Hay en el montaje que dirige José Luis Saiz un brillante ejercicio interpretativo. Los únicos protagonistas, Jesús Castejón y José Pedro Carrión, se desenvuelven en una escenografía funcional y eficaz en la que se ubican algunos espectadores a modo de pasajeros mudos. José Pedro Carrión es un actor previsible, seguro.

Raramente se sale de sus pautas, con las que se desenvuelve muy eficazmente. Aquí tiene un personaje ingrato que sólo en las últimas escenas le exige un ejercicio de introspección. Castejón es inclasificable. Lo hemos visto en todos los géneros y casi siempre sorprende. Aquí comienza extrovertido, apabullante, para derivar hacia el drama y hasta el suspense. Jesús, como su hermano Rafa, ha heredado el oficio de sus padres Pepa Rosado y Rafael Castejón y han sumado una formación que les permite abordar desde la zarzuela hasta las cosas de Bieito.

“Cosmética del enemigo” –el título se las trae así como su justificación en el texto- se sostiene por el trabajo interpretativo en una producción limpia. Los personajes dicen en un momento que no necesitan ir al psiquiatra, que para analizarse están los desconocidos en los aeropuertos. Y al espectador ¿qué le importa eso? Seguramente el público pensará que hubieran hecho mejor los protagonistas en resolver sus fantasmas interiores en una consulta profesional en lugar de sobre un escenario.
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