Alberto sonríe. A pesar del escepticismo que provocó el resultado del informe del COI sobre la visita del mes de mayo a Madrid, Ruiz-Gallardón está exultante a pocas horas de la elección de sede olímpica.
No es para menos. Está en su elemento. Jugar a todo o nada ante rivales como
Obama,
Lula Da Silva o
Hatoyama da ese subidón. Y el alcalde hace frente al desafío con esa emoción que anunciaba el otro día, y también con la satisfacción poderosa de tener tras su estela a toda España.
Se le notó en la rueda de prensa que dio a las decenas de medios en el Hotel D´Anglaterre de Copenhague. Periodistas que llegaban con la lengua fuera después de un viaje que, si no fue
agotador, si fue algo
aparatoso, pero luego contaremos eso. Ninguno de los políticos que tenía a su alrededor quería hablar. Le dejaron todo el protagonismo. "Es que tú hablas muy bien", le espetaba una Esperanza Aguirre integrada en la candidatura como una más y con la sonrisa perenne en la boca.
El alcalde dio las gracias a los medios por su manera de plasmar y de motivar el apoyo popular al gran proyecto de Madrid, o a su proyecto, según se mire. En todo caso, el proyecto de todos. Tras la intervención, en el escaso cóctel-recepción que dio el
Txistu Madrid 2016 (que alimentará a todo el que no sea político a
45 euros por barba por la pulsera de acceso al restaurante, por cierto) se fundió con el ambiente a base de abrazos y besos. Fue especialmente efusivo con los voluntarios, que están dando el callo gratis por un sueño: las segundas Olimpíadas españolas. Sobre todo, ayudaron a la segunda hornada de la delegación a llegar a sus destinos en un viaje que se hizo tedioso por la burocracia, que no por la atención.
Fulares multicolores
A las 10 de la mañana ya estaban los mostradores de Iberia de la T-4 plagados de gente con banderas, pines, gorras y polos de la candidatura. Muchos de los invitados a los eventos de estos días madrugaban para esquivar el follón que montaría la
concentración de taxistas en el aeropuerto en protesta por el instrusismo que sufren. Por suerte, no hubo demasiados problemas para llegar a puerto y, uno tras otro fueron apareciendo. Los políticos, entre café, cruasán e infusión, atendían por decenas a los periodistas. Las políticas hacían lo propio embozadas en un
fular estilo 'Karate Kid' made in Madrid 16.
Toda la tropa se subió a los dos aviones de Iberia. Por lo visto, había sobrecarga de azafatas, que atendieron como reyes a los viajeros: una manta, un kit de supervivencia para viajes, un 'solomillito' superior... Todo primera clase. Excepto los baños, que tenían 'overbooking'. El comandante del vuelo se hacía promoción para que le entrevistasen. Algunos ávidos periodistas pedían inventarse tonadillas a los compañeros.
El agua de Copenhague
A partir del aterrizaje todo fue una sucesión de colas. En el Hilton para acreditarse (la mitad de las tarjetas no se encontraban y cada uno
se ganaba los garbanzos como podía), en el autobús para llegar al hotel, y en la recepción para pedir la llave. El autobús llevó a la mayoría de compañeros al Hotel 'The Square' por un Copenhague plagado en un día que parecía, por el fresco, finales de octubre. La capital danesa es hermosa: colorida, peatonal, cercana. El agua está presente en muchas zonas de su geografía. Merece la pena una buena visita, a pesar de que estén remodelando su 'Sirenita'.
'The Square' está frente a un local de tapas llamado '
Biscaya' que habrá que investigar. Por lo menos, durante el tiempo que dé de sí la noche en Copenhague. En todo caso, por ahora, todo son
sensaciones positivas y curiosas. Este jueves toca paseo en bicicleta antes del trabajo con los miembros del COI. Es en ese momento en el que los nuestros deben hacer más valiosa su esperanza y su sonrisa.