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REAL SOCIEDAD 0-2 REAL MADRID

Mbappé y Vinicius contra la Real Sociedad.
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Mbappé y Vinicius contra la Real Sociedad. (Foto: Europa Press)

El Madrid vence (pero no convence) desde los 11 metros

Por Hugo García Reina
domingo 15 de septiembre de 2024, 09:49h
Actualizado: 18/09/2024 12:57h
Al público de Anoeta aún no le había dado tiempo a olvidar el doblete que Mbappé consiguió en este mismo campo hace apenas seis meses, cuando aún vestía la camiseta del PSG. Y en el minuto 36 estuvo el francés a punto de emular uno de los dos goles de aquel día. "No le ha entrado la rosca", dijimos todos al ver la repetición en el televisor. Mbappé hizo el mejor partido desde que es jugador del Real Madrid. Hacía tiempo que no se le veía tan cerca de su mejor nivel y sólo le faltó sellar el partido con un golazo de los suyos (lo acabó consiguiendo desde los once metros).

Había apostado Ancelotti por un ligero cambio estratégico. Dispuso un 4-4-2 en el que Mbappé y Vinicius eran los más adelantados. Esto le permite al francés mayor libertad de movimientos, le ensancha el campo y le facilita caer a las bandas, donde es más peligroso. En la primera parte encontró muy bien los espacios y tuvo varias opciones de gol que él mismo se fabricó. La discreción de Vinicius, que sigue sin encontrarse –errático, más cercano al de 2018 que al de 2023– le daba a Mbappé aún más campo que abarcar, más líneas de desmarque posibles.

Con Tchouameni lesionado, la línea de 4 la formaron Modric, Valverde, Arda Güler y Brahim, que desplazó a Rodrygo al banquillo en primera instancia. El brasileño no tardó mucho en tener que participar, pues Brahim se llevó la mano al abductor poco después de uno de sus gestos hiper explosivos. El hispano-marroquí sigue sin ser capaz de quitarse la etiqueta de revulsivo. Hoy por lesión; otros días, porque su juego se diluye en el ritmo administrativo que suelen tener las primeras partes.

Modric y Valverde fueron, generalmente, los encargados de la construcción. A Modric –ya con 39 años– se le vio más fresco que otros días, y Valverde mantuvo bastante de su acostumbrada autoridad, pero el equipo no terminó de funcionar. Casi todas las veces que se acercó al área fue tras robo en campo contrario (virtud nada desdeñable) o por la calidad individual de Mbappé. De nuevo, al Madrid le faltó soltura. No fue capaz de dominar más que algunos pocos tramos del partido y la relación de las tres líneas se mantuvo a tropezones. Sobre todo en la segunda parte. En ella llegaron los dos goles decisivos, pero fue mucho menos salvable que la primera.

La Real Sociedad se estrelló con el palo tres veces. Dos, antes del descanso –Sucic y Becker– y una nada más empezar el segundo tiempo –de nuevo Sucic–. A estas alturas, no hace falta decir de qué equipo es el que nos creó a todos. Los de Imanol estuvieron cerca del gol en varias oportunidades, y la torpeza de Sadiq se cargó algunas otras, también muy peligrosas. El nigeriano es uno de esos jugadores que un día parece Drogba y al siguiente un espontáneo. Podría decirse que mantiene una relación tóxica con la pelota.

A Güler le costó encontrar su sitio, aunque siempre deja algún detalle para recordar que es de los que más sabe de esto y que cada día está más preparado para heredar una de las plazas del centro del campo de Madrid. En la segunda parte provocó el penalti que desatascó el 0-0: las manos despegadas de Sergio Gómez fueron lo que evitó que el disparo del turco no acabara en la escuadra. Lo convirtió Vinicius (58’), confirmando la política de alternancia a lo Cánovas y Sagasta. Poco más tarde, se completó la foto con el segundo penalti, que en este caso lanzó y marcó Mbappé. El 0-1 lo había celebrado Vinicius mandando callar, acaso a toda la afición txuri-urdin, acaso a los racistas del mundo, acaso al que acababa de destacar su pobre estado de forma unos párrafos más arriba.

Después del segundo gol (75’) se terminó el partido, que se hizo una pasta insoportable a la que se unieron Lucas Vázquez y Endrick sin pena ni gloria. El Real Madrid sigue lejos de encontrar un fútbol convincente, pero esta victoria en Anoeta deja tres buenas noticias a las que agarrarse: 1) la primera victoria a domicilio de la temporada, 2) el Madrid no necesita jugar bien para ganar, y 3) la certeza de que Mbappé puede marcar una época vestido de blanco (o de naranja).

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