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Una investigación descubre el porqué del aumento en el riesgo de desarrollar neoplasias mieloproliferativas crónicas
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(Foto: Hospital 12 de Octubre)

Una investigación descubre el porqué del aumento en el riesgo de desarrollar neoplasias mieloproliferativas crónicas

Por MDO
miércoles 07 de mayo de 2025, 10:44h
Actualizado: 13/05/2025 21:12h

Una investigación realizada por el Hospital público 12 de Octubre, en colaboración con el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, ha revelado la causa del aumento en el riesgo de desarrollar neoplasias mieloproliferativas crónicas, un conjunto de enfermedades que afectan la función de la médula ósea.

Este descubrimiento se centra en el incremento de una proteína llamada PD-L1, cuya elevación debilita las respuestas inmunitarias del organismo y acelera el desarrollo de la enfermedad tras la adquisición de la mutación genética responsable. Este hallazgo sugiere la posibilidad de utilizar fármacos anti PD-L1, ya empleados en otros tipos de tumores, para frenar la progresión de estas patologías hacia condiciones potencialmente mortales como la leucemia o la mielofibrosis.

Más de una década atrás, se identificó que el haplotipo 46/1 de JAK2 es responsable de casi el 30 por ciento del riesgo de desarrollar neoplasias mieloproliferativas crónicas en la población. Sin embargo, hasta ahora no se había encontrado una explicación para este fenómeno.

Gonzalo Carreño, hematólogo e investigador principal del Hospital 12 de Octubre, así como autor del estudio titulado The JAK2 46/1 haplotype influences PD-L1 expression, publicado en la revista Blood, comenta sobre el descubrimiento: “Realizamos estudios de interacción del ADN y vimos que una variante genética, el haplotipo 46/1 de JAK2 interaccionaba con la proteína PD-L1, y vimos que la población que tiene ese gen tenía incrementada la PD-L1. Esta proteína actúa como un freno a las respuestas inmunitarias del cuerpo. Esto hace que, si has adquirido las mutaciones características de la neoplasia mieloproliferativa, la enfermedad progrese más rápidamente o con mayor frecuencia”.

A pesar de que las neoplasias mieloproliferativas constituyen un conjunto de enfermedades poco comunes, con una incidencia en la población de dos casos por cada 100.000 habitantes, alrededor del 50 por ciento de la población presenta el haplotipo 46/1 de JAK2. La interacción con PD-L1 se considera el factor desencadenante en el desarrollo de esta enfermedad.

El doctor Carreño señala que ya se dispone de fármacos anti PD-L1 utilizados en el tratamiento de enfermedades como el cáncer de pulmón y los linfomas: “Estos fármacos son eficaces y se toleran muy bien. Cuando el paciente adquiere la mutación de la enfermedad, al principio tiene poca carga tumoral, menos síntomas y puede tardar años en progresar a fases terminales, como leucemia aguda o mielofibrosis, que son las que disminuyen la supervivencia y calidad de vida. Esta investigación abre la puerta al uso de estos fármacos en estas patologías. Administrados en estadios precoces, frenaríamos la progresión, mejoraríamos el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes, disminuiríamos los síntomas y las complicaciones de la enfermedad”.

El Dr. Miguel Manzanares, investigador del CBM y uno de los autores del estudio, resalta: “Este trabajo es un ejemplo de cómo la investigación básica en biología molecular puede tener un impacto directo en la comprensión y posible tratamiento de enfermedades humanas. Hemos identificado una interacción genética funcional que no solo explica un riesgo clínico, sino que además abre nuevas perspectivas terapéuticas”.

Las neoplasias mieloproliferativas crónicas son enfermedades tumorales de la célula madre hematopoyética en las cuales se produce una proliferación anómala de las células de la sangre. En consecuencia, los pacientes tienen muchas plaquetas, muchos glóbulos rojos o se les fibrosa la médula ósea con lo cual tienen complicaciones como el aumento del riesgo de trombosis, síntomas constitucionales como pérdida de peso y sudoración, picores que no se controlan bien y a la larga complicaciones como el desarrollo de leucemia aguda o mielofibrosis.

Es fundamental que estos resultados sean validados en modelos animales y ensayos clínicos antes de que se integren estos tratamientos en la práctica clínica habitual, advierten los investigadores. Según el doctor Carreño, “estamos ante un gran avance en el conocimiento del porqué se producen estas enfermedades y, sobre todo, ante una oportunidad de buscar nuevas dianas terapéuticas en estos pacientes”.

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