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Imaginemos

sábado 15 de agosto de 2020, 09:13h

Imaginemos por un momento un país de la Unión Europea (UE) que, por diferentes motivos que no pretendo analizar, fue fuertemente afectado por la pandemia originada por la COVID-19, tuvo decenas de miles de fallecidos, y su sistema sanitario se desbordó por una terrible avalancha derivada del fallo de los sistemas de alerta y prevención.

El confinamiento de la población decretado para controlar la expansión del virus ha supuesto un mazazo sin precedentes para la economía nacional y, lógicamente, las cifras de trabajadores sin empleo se han disparado y siguen creciendo de forma alarmante.

Pero, como dice el sabio refranero español, a perro flaco todo se le vuelven pulgas, y esta pandemia tuvo su continuidad en el verano, algo trágico para un país cuya principal industria es el turismo.

Ahora, imaginemos que este país es miembro de pleno de derecho de la UE y forma parte del espacio común Schengen. Imaginemos que este hipotético país tiene un Gobierno preparado y capaz, un Gobierno que es, simultáneamente, consciente de la situación del país, de su economía y de la caída de ingresos, pero que también es consciente de su pertenencia y peso en la UE.

En este caso, estoy seguro de que el Gobierno de este hipotético país habría recurrido a sus científicos para buscar la mejor solución tanto para sí mismo, su economía, como para la totalidad de la UE.

Imaginemos que propone, en el seno de la UE, que se mantenga Schengen como un solo territorio y que se tomen las medidas para minimizar los riesgos de infección en los viajeros que llegan al espacio común europeo.

Imaginemos que su propuesta es que se tome la temperatura, mediante cámaras térmicas, a todos los pasajeros de cualquier vuelo procedente de un país fuera de la UE. Previamente, estos pasajeros han sido informados que pueden traer su PCR en origen (con un plazo máximo de 72 horas previas a la llegada) o que tendrán que realizarse la prueba a su llegada.

En este supuesto, los pasajeros que porten su PCR y no tengan fiebre podrán entrar de forma inmediata al territorio europeo. En caso contrario, se realizarán los análisis en el propio aeropuerto y se acondicionará una zona de espera que tenga, por ejemplo, oficinas de turismo, stands promocionales de regiones o productos de interés; más una zona infantil y juvenil que convierta la espera, no superior a dos horas, en un momento de descanso y relajación.

Imaginemos incluso que se ha planificado la estancia en un hotel próximo para aquellos pasajeros que tengan que realizar una cuarentena como consecuencia del resultado de sus análisis.

Cuando imagino todo esto pienso que ese hipotético país tiene la posibilidad de liderar un proyecto común europeo que minimice tanto el impacto económico de la crisis como la transmisión de la enfermedad dentro de sus fronteras.

En Ciudadanos estamos convencidos de que ese país no es hipotético. Estamos seguros de que ese país existe y se llama España. Ahora solo falta que el Gobierno central sea consciente de las capacidades de nuestro país, de las capacidades de los españoles y que crea en su capacidad de liderazgo y su peso dentro de la UE.

España no solo puede, sino que debe liderar el proyecto de control de entradas de extracomunitarios en Europa. Debe liderar el proyecto de rescate del sector turístico europeo dentro y fuera de nuestras fronteras y, esa responsabilidad, solo le compete al Gobierno de España y, especialmente, a su máximo representante, el presidente de Gobierno.

Juan Rubio

Portavoz de Cs en la comisión de Transportes de la Asamblea de Madrid

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