El principal despropósito y, claro, el peor, del insufrible cuarto festejo del abono fue el petardo de los esperados ‘pabloromero’, desde hace tres décadas con el nombre de Partido de Resina. Tras el buen juego que dieron dos de ellos en el desafío ganadero del pasado mes de septiembre, había ciertas expectativas que pronto se vinieron abajo. Porque si a estos boyancones les quitas la histórica divisa azul y blanca, con cerca de siglo y medio de antigüedad, y los llevas a las faenas de campo, no iban a desmerecer. Su comportamiento fue parigual en los seis -algunos fuera de tipo- en cuanto a su falta de bravura y casta. Pero no quedó sólo ahí el desatino de la tarde: hubo más. El último, protagonizado por José Enrique Colombo, quien tras dos pasadas en falso, fue incapaz de banderillear al que cerró función, un marmolillo que casi no se movía, y en un feo gesto ordenó a sus subalternos que colocaran ellos los palitroques. Eso sí con similar acierto -y entiéndaseme la ironía-, hasta el punto de que el presidente cambió el tercio antirreglamentariamente con sólo dos rehiletes, y es que eran las nueve y media de la noche. Como es de suponer, en esta hoguera de moruchos se quemó la terna que completaban junto al venezolano, Antonio Ferrera, único de cascabelear algún muletazo con aroma, y el mexicano Calita.
Hay que comprender, y quizás disculpar, las prisas de usía porque acabara al infierno, a una hora en que arreciaba el frío. Para qué seguir: porque tras 150 minutos de espectáculo -me niego a llamarle corrida de toros- no habíamos degustado ni una verónica, ni una. Porque, sí, los otrora legendarios ‘pabloremero’ ya salían abantos, sí, mas los coletudos tampoco pusieron nada de su parte con el percal, limitándose a llevarlos al penco.
Y ya lo que se entiende por faenas era una sucesión de mantazo tras mantazo, hasta el punto de que en casi todas ellas surgieron desde los tendidos palmas…de tango, claro, solicitando a la terna que abreviaran, lo que es evidente que no hicieron. Al menos Ferrera, con su veteranía y técinica para buscarle las cosquillas a este tipo de animales, se esforzó, y logró, extraer del pozo sin agua de su segundo enemigo, que además iba con la cabeza por las nubes, un par de cortas series al natural y otra de redondos que en algo semejaban al toreo.
Calita dio la impresión de que vino a cubrir el expediente y vender en su país que había hecho el paseíllo en San Isidro. Y, qué decir/escribir de Colombo, más ilusionado, pero con un toreo -es un decir- ventajista, del que gusta en los pueblos y plazas de talanqueras. Así obró con capote y pañosa durante su actuación, que incluyó un tercio de banderillas a su primero cuadrando siempre a cabeza pasada, muy pasada. Claro que peor fue el último despropósito de tan fascinante espectáculo con la improfesionalidad ya relatada en su segundo buey.
FICHA
Toros de PARTIDO DE RESINA, desiguales de presentación y hechuras, nobles, mansos, sososy descastados. ANTONIO FERRERA: silencio; palmas con algunos pitos tras aviso. CALITA: silencio; silencio. COLOMBO: silencio tras aviso; pitos. Plaza de Las Ventas, 13 de mayo, 4ª de Feria. Tres cuartos de entrada.