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Teatro Lara
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Teatro Lara (Foto: Antonio Castro)

El teatro Lara cumple 140 años

jueves 03 de septiembre de 2020, 07:33h

El 3 de septiembre de 1880 se inauguraba en la Corredera Baja de San Pablo el teatro de Lara representándose La ocasión la pintan calva y Un novio a pedir de boca. El periódico La Época lo comparó al día siguiente con una ‘bombonera’ y con ese apelativo se quedó. Realmente era propiedad de los Lara, de don Cándido, un empresario cárnico que poseía varias casas en esa ubicación. Le convencieron para que en el patio de ese bloque levantara un teatro, encargo que hizo al arquitecto Carlos Velasco Peinado. El resultado fue una hermosa sala, versión miniatura del Palais Royal parisino. En ese momento Madrid, por ejemplo, no tenía ni electricidad ni Metro y la Gran Vía solo era una ensoñación que tardaría casi veinte años en comenzar a ser realidad.

Un teatro burgués

El Lara comenzó siendo un teatro por secciones, o por horas, fórmula que copaba la cartelera madrileña desde 1868. Pero enseguida se convirtió en uno de los teatros preferidos por la burguesía, como el de La Comedia (1875) y, un poco más tarde, el de la Princesa (1885). La Familia Real acudió en numerosas ocasiones a los estrenos o a ver funciones. Las relaciones de don Cándido y su familia con el monarca fueron fluidas, aunque su hija y heredera Milagros Lara, no aceptó un título nobiliario de Alfonso XIII. En el Lara estrenaron los autores más importantes entre dos siglos, desde los hermanos Álvarez Quintero a don Jacinto Benavente quien, en 1907, logró aquí uno de los mayores éxitos del teatro español con Los intereses creados.

Los del Lara

Hasta bien avanzado el siglo XX los teatros tenía una compañía estable que desarrollaba la programación en los meses centrales de la temporada. ‘Los del Lara’ fueron los mejores artistas de cada época pues don Cándido no puso límites a los gastos para tener lo mejor en su teatro. A la compañía del Lara pertenecieron leyendas como Balbina Valverde y Leocadia Alba, que estuvieron en la compañía durante varias décadas. También Lola Membrives hizo del Lara su teatro preferido cuando hacía temporadas en España. La lista de intérpretes es enorme y en ella encontramos desde Ricardo Puga a Pepe Isbert o Tony Leblanc, cuando todavía se anunciaba como Ignacio Fernández.

Amenaza de cierre

Don Cándido Lara murió 29 de junio de 1915, heredando el negocio teatral su hija Milagros, siempre con un director artístico o empresario arrendador para programarlo. Pero el 21 de febrero de 1931 también falleció Milagros y esta dispuso en su testamente que se creara una fundación que llevara su nombre para patrocinar distintas entidades sociales. El capital fundacional debía provenir de la venta y derribo del teatro, que tenía ya medio siglo. Sobre su solar se levantarían pisos de alquiler con cuyo producto se financiarán la actividades de la fundación. El anuncio de la desaparición del Lara provocó un buen número de protestas. Finalmente, la intervención del entonces ministro Fernando de los Ríos, paralizó la venta, instituyéndose una fundación, con el nombre de Lara, que sigue siendo la propietaria del teatro, además de tutelar el colegio público de La Paloma, en la calle del mismo nombre.

Empresarios

Mientras vivió don Cándido siguió de cerca la marcha del negocio, aunque tuvo en Eduardo Yáñez su hombre de confianza y el que manejaba el día a día del teatro. A lo largo de toda su historia el Lara ha sido alquilado a varios empresarios, que lograron mejores o peores resultados. Don Conrado Blanco fue la persona que más tiempo lo tuvo en sus manos. Avanzado el siglo XX el futuro del viejo teatro comenzó a vislumbrar nubarrones, con algunos cierres temporales. Primero Manuel Canseco, luego Carmen Troitiño, Luis Ramírez y Pablo Larguía se fueron sucediendo como empresarios hasta llegar al actual, Antonio Fuentes.

Ya en el siglo XXI el teatro acometió una reforma importante. Tras el estreno -y éxito- en el vestíbulo de La función por hacer, la empresa decidió aprovechar los antiguos almacenes bajo el patio de butacas para habilitar una segunda sala, que ha denominado ‘Lola Membrives’. Actualmente tiene una programación rotatoria que convive con los espectáculos programados en la sala histórica.
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