Vuelve a la cartelera el montaje de El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, que el verano pasado ocupó el patio del teatro Galileo. Ahora se instala en el teatro Alcázar hasta final de agosto, con representaciones los lunes y los martes.
García Lorca escribió esta ‘aleluya erótica’ en 1929, aunque no pudo estrenarla hasta cuatro años más tarde. Cipriano Rivas Cherif la llevó al teatro Español el 5 de abril de 1933, con decorados de Santiago Ontañón, que también interpretó al protagonista. La velada se acompañó por La zapatera prodigiosa como homenaje al poeta. Para el Heraldo de Madrid (6-4-1933), la obrita es "Un dechado de humorismo erótico, impregnado de ironía y ternura, de gracia y de poesía, que divierte, intriga y conmueve a un tiempo mismo, para culminar en la profunda emoción de arte de la última escena".
No ha sido una de las obras más representadas de Lorca, tal vez por la corta extensión del texto. José Luis Gómez se atrevió a montarla en un teatro comercial en 1990, con Héctor Alterio como protagonista. En los últimos treinta años apenas ha vuelto media docena de veces, siempre en teatros públicos. La última vez se vio en la Abadía el año 2016.

Don Perlimplín es un anciano al que su aya Marcolfa empuja al matrimonio para que no se quede solo. Le busca como esposa a la espléndida Belisa, una joven a la que su madre impone el matrimonio. Durante la noche de bodas, Belisa engaña al marido: “Entraron cinco personas por los balcones. ¡Cinco! Representantes de las cinco razas de la tierra. El europeo, con su barba; el indio, el negro, el amarillo y el norteamericano”. Lorca introdujo a dos personajes fantásticos, los duendes, empeñados en ocultar la infidelidad de Belisa.
A pesar de las advertencias de la criada, Perlimplín se declara totalmente enamorado y urde una patraña para conquistar el amor de Belisa. Se hace pasar por un joven envuelto en una capa roja, que nunca enseña la cara. Así ella espera un apasionado encuentro. Finalmente el marido/amante desconocido concierta una cita secreta con la esposa. En ella se desvelará el misterio trágicamente.
Poner en escena esta corta y poética historia, resulta complicado. Triana Lorite, la directora de este montaje, opta por lo onírico y por llevar al terreno musical los hermosos poemas de la obra. Cuenta para ello con la complicidad de Fernando Cayo, un Perlimplín herido de amor tras una vida de soledad. Candela Cruz es Belisa -“Belisa, con tantos encajes pareces una ola y me das el mismo miedo que de niño tuve al mar”- y el aya Marcolfa es Lucía Espín. Solo tres actores para el drama, aludiendo a la madre de Belisa y adaptándose para dar vida a los dos duendes. La luz y la composición musical de Ignacio Ysasi se encargan de completar la atmósfera entre carnal y espiritual que escribió el poeta.