Alguna de las especies de cisnes, especialmente el cantor (Cygnus Cygnus), es migratoria. Como los cisnes del ballet clásico. Llegan en una estación, permanecen una temporada y luego vuelan hacia otras latitudes. Y siempre retornan. Por lo menos a la cartelera madrileña. Con una u otra compañía, raro es el año en que El lago de los cisnes no reaparece por Navidad o en el verano. Fieles su cita, hoy se posan en el teatro Gran Vía, de la mano de Laura Alonso, hija de la legendaria Alicia. La gran figura cubana desapareció en 2019 cerrando, con casi cien años, la historia del ballet del siglo XX. Aunque Giselle fue su personaje estelar como bailarina, El lago de los cines fue una de las obras cumbre que montó para el Ballet Nacional de Cuba. En cada gira internacional era obligado que llevara esa pieza romántica.
Laura Alonso es la única hija del matrimonio Alicia y Fernando Alonso. Aunque nació en Nueva York, tiene nacionalidad cubana y, durante veinticinco años fue solitas en el Ballet Nacional. Después, fue maestra ensayadora de su madre y, finalmente, su heredera universal. Bajo su magisterio se han formado estrellas como Viengsay Valdés, José Manuel Carreño, Xiomara Reyes, Lorna Feijóo o Alihaydeé Carreño.
Hay que dejar claro que esta que se presenta en Madrid es la compañía propia de Laura, con treinta y dos artistas en escena. Con su bagaje artístico hay curiosidad por comprobar como recrea la versión de Alicia del clásico de Chaikovski, estrenado en 1877, y que alcanzó su máximo esplendor con la coreografía de Marius Petipa. A punto de cumplir ciento cincuenta años de existencia, El lago de los cisnes sigue siendo un pieza fundamental en el mundo de la danza clásica. Y, posiblemente, la más taquillera y representada junto a Cascanueces.

La lucha entre el bien y el mal, personificados en Odette/Odile, sigue fascinando y emocionando. La joven convertida en cisne, que enamora al príncipe Sigfrido, encarna la imagen romántica del amor imposible. Sigfrido se ve obligado a buscar esposa cuando se topa en el bosque con las jóvenes convertidas en cisnes por el hechicero Von Rothbart. Por las noche recobran la apariencia humana. El príncipe jura amor eterno a Odette, una promesa que no podrá cumplir. Se encarga el mago de engañarlo llevando a la fiesta palaciega a su hija Odile, disfrazada como Odette. Y Sigfrido cae en la trama. Es el momento del Paso a dos, de gran belleza y dificultad técnica. Alicia Alonso introdujo en sus montajes el ‘más difícil todavía’ para la bailarina protagonista con un paso que todo cubano conoce y que denominan ‘la vaquita’.
Como en otros ballets, la fiesta palaciega del tercer acto le sirvió al compositor para introducir una series de danzas de gran virtuosismo: un bolero español, una danza napolitana, una mazurca polonesa y unas czardas húngaras.
En el último acto, Odette, que se siente engañada por su príncipe, prefiere morir antes que continuar toda su existencia siendo un cisne.
El lago de los cisnes se podrá ver hasta el 4 de agosto.