Alguien dijo que los excrementos tienen que ser deliciosos, porque millones de moscas no pueden estar equivocadas y reconozco, que no pude evitar pensar en la política la primera vez que escuché esa frase. Este es un importante un año electoral, en el que nos tocará elegir a nuestros representantes europeos. Sin embargo hablamos con la gente de nuestro entorno y comprobamos la ausencia de solidez argumental a la hora de declinar su voto en muchos de ellos. Incluso en personas inteligentes, porque demuestran serlo en sus profesiones o en cuestiones en las que han profundizado dedicando tiempo, recabando información de calidad y con esfuerzo. Y este no es el caso de cuando tienen que decidir su voto. El resultado es que la mayoría de nosotros, decidimos el voto de forma superficial, influenciada o visceral y como consecuencia de la suma de todos esos votos florecen nuestros representantes políticos.
Y sin embargo esto funciona. Evidentemente podrían mejorarse escuelas, hospitales, seguridad ciudadana, infraestructuras y todo en general, pero honestamente tenemos que reconocer que nuestra actual sociedad esta lejos de ser un caos que lleve a la desesperación a la gran mayoría de los ciudadanos.
El sistema funciona porque la economía funciona. Y la economía funciona probablemente porque no somos nosotros los que llevamos el volante de ese coche. Es como cuando un niño pequeño se monta en el coche de su papa con su volantito de juguete y juega a conducir el coche que en realidad conduce su padre. Con nuestro volantito decidimos si apoyamos a los homosexuales, a las feministas, o cualquier tema de interés social que no afecte demasiado a la economía. Y de esta manera haremos que gane un partido u otro.
Pero es “Don Dinero” el que marca su decisiva influencia en nuestros políticos y por ende en nuestros destinos, no sé si por desgracia o por suerte, porque la verdad es que, por ejemplo, la Europa de los veintisiete nunca había conocido un periodo de paz tan prolongado entre los países que la componemos.
En la Unión Europea compartimos bancos, macroempresas y grandes tenedores de fortuna y esta es la clave para que los conflictos armados, entre nosotros, ya no resulten económicamente rentables para ningún país miembro. La pacificación de nuestra eurozona se traduce en una calidad de vida, que es la envidia de gran parte del planeta y es que para el “Poderoso caballero” no había nada personal, era simplemente dinero.
Miguel A. Castro