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Álvaro Serrano, Puerta Grande, aprovecha un excelente encierro de Montealto

El triunfador Álvaro Serrano paseado a hombros tras salir por la Puerta Grande.
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El triunfador Álvaro Serrano paseado a hombros tras salir por la Puerta Grande. (Foto: Alfredo Arévalo)
Por Emilio Martínez
miércoles 13 de mayo de 2026, 08:01h
Apuntó el pasado día 1 en la Feria de la Comunidad. Y disparó este martes en la primera novillada isidril. Si Álvaro Serrano emborronó entonces su buena actuación con esos espadazos airados; ahora, además de torear de lujo con percal y sarga -con algún altibajo-, fue un cañón con la tizona. Y, claro, descerrojó la soñada Puerta Grande. Ni un ápice de mérito hay que quitarle porque para ello aprovechara la magnífica en presencia general y encastada novillada de Montealto; al revés, frente a esas máquinas de embestir era su obligación, claro, si se tiene aroma de torería santa y se emplea uno a fondo. Y no como sus dos compañeros de terna, Tomás Bastos y Martín Morilla, desbordados por la codicia de sus enemigos, cuyas faenas, o lo que fuera aquello, no fueron vulgares, ¡quia!, fueron rematadamente malas. Quizás un día recuerden la oportunidad que tuvieron, y perdieron.

Ya destacó el coletudo triunfador al saludar a su primero con el percal -con el que intervino en variados quites toda la tarde- con unas verónicas mecidas y una gran media, y después, en otro gesto de quien tiene hambre de gloria, tras un quite por irregulares gaoneras de Bastos, le dio réplica, y se lo comió, con unos gustosos y templadísimos delantales rematados con una larga kilométrica.

Luego, sin un alarde populista como el habitual pase cambiado y similares fruslerías, se dedicó a festonear el toreo puro de redondos y naturales, siempre en series con dominio y casi todas rociadas con la colocación precisa, a veces muy cruzado, y el temple imprescindible. Para que no se le escapara el trofeo, se volcó en el morrillo y dejó un estoconazo perfecto. Echó en su esportón una oreja de mucho peso, aunque le pidieron la segunda.

Nadie dudaba, y menos él, que sadría a revientacalderas con el último para abrir soñada Puerta. El inicio con la flámula con trincherillas y el del desprecio ya casi puso en pie a un cotarro volcado a su favor. Luego llegaron nuevas y similarses tandas de redondos y naturales -con algunas pequeñas irregularidades que no empañan el conjunto- similares a los de su primer enemigo, con la plusvalía de que el madrileño de Navas del Rey, encajado y crecido, cascabeleó varios de ellos con desmayo, y para cerrar al novillo antes de otra extraordinaria estocada en todo lo alto, nada mejor que nuevos adornos. En definitiva, muletazos con el oro puro que nadie discute.

Y, aunque el animal tardó en doblar y su subalterno puntillero lo levantó en dos ocasiones, sonando dos avisos, la petición fue abrumadora. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso son justas y necesarias, porque la soberbia tarde de Serrano todavía hundió más a Bastos y Morilla, posmodernos novilleros pegapasistas sin ton ni son, amén de ventajistas, que no interesaron a nadie. Mientras, se insiste, Serrano dejó en el paladar de la concurrencia el sabor de un torero en flor que todos desean volver a ver.

FICHA

Novillos de MONTEALTO, con trapío excepto 6º, más justo de presencia; todos nobles, cumplidores en los caballos, excepto 5º, y encastados en diversa gradación menos ese 5º, manso. TOMÁS BASTOS: silencio tras aviso; silencio tras aviso. MARTÍN MORILLA: silencio tras aviso; silencio. ÁLVARO SERRANO: oreja tras aviso; oreja tras dos avisos. Salió a hombros. Iván García saludó al banderillear al primero. Plaza de Las Ventas, 12 de mayo, 4ª de Feria, dos tercios de entrada.

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