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Diario de una pesadilla (23)

miércoles 15 de abril de 2020, 13:46h

Quinta semana de confinamiento y pienso que nos estamos volviendo locos de remate. Qué a una ginecóloga le hayan hecho una pintada amenazadora en su coche, dentro del garaje de su casa, en Barcelona…donde se puede leer “Rata contagiosa”, es de estar muy mal. Esto es muy español pasar del premio a la crítica, del aplauso a la piedra. Podríamos decir que se trata de un comportamiento clásico del ciudadano español. Primero el premio y después elinsulto. El mal que hace la ginecóloga, como médico, es acudir cada día al hospital porque hay embarazadas que dan a luz, mujeres que tienen todo tipo de problemas y que en esta crisis, también hay que atenderlas.

O esa otra empleada del súper que hace nuestras cestas de la compra y cuando llega a su casa se encuentra un cártel de un “gran vecino” que le dice que se vaya a otro lugar porque les va a contagiar. Esos mismos que luego llaman y exigen su cesta de la compra. ¿Cabe más “burrez”, más insolidaridad?

Ahora estamos en la segunda parte de este confinamiento y es cómo gestionar el miedo. Por eso, hemos pasado del reconocimiento a todos aquellos a los que hemos aplaudido a rabiar; a quererlos lejos de nuestras casas. No son bien recibidos porque creemos que nos ponen en peligro. Miren, no puedo. Me saca de mis casillas este tipo de comportamientos.

Me cuentan también que a un enfermero le han puesto en la puerta de su casa un papel escrito a mano dónde le dicen que no aparezca por allí, por la vecindad. Luego, caemos enfermos del covid-19 o de cualquier otra enfermedad y exigimos que nos atiendan con eficacia, celeridad y afecto. El caso es que aunque les pongamos papelitos en sus puertas, lo seguirán haciendo con la misma dedicación de siempre. Son de otra pasta, su generosidad parece no tener fin.

Qué diferencia de trato a la hermana de una amiga que está pasando la cuarentena sola en casa y su vecina, médico, le deja la compra en la puerta de casa. Le pregunta mañana y tarde cómo se encuentra y la va evaluando conforme va superando la enfermedad. Sin papelitos. Tratándola como merece cualquier ser humano.

Y el cartero de mi casa que sigue yendo de aquí para allá, me ha preguntado por el telefonillo que cómo llevo el confinamiento. Le he dicho que “sobrellevándolo dignamente”. He aprovechado para aplaudirle porque también es “mi héroe”. No ha dejado de traer cartas en estos tiempos dónde nadie escribe. Bueno, mi banco, sí.

Y si ya nos faltaba poco para este “tsunami”, los astrónomos nos hablan de “Oumuamua”, el cometa interestelar que de chocar con la tierra, nos habría destruido. ¡Uff! Menos mal que va a pasar a miles de kilómetros de nuestro planeta, tantos como 16 veces la distancia entre la luna y la tierra. Como diría mi amigo Juan Carlos Pérez de la Fuente: ¡bueno, ya basta! ¡Hasta aquí hemos llegado!”. ¿Qué tal si cuando acabe este confinamiento celebramos el año 2021? No estaría mal adelantarlo. Por favor, acabemos con el año de la rata. El capicúa no nos ha ido bien. Pasemos al siguiente. Todo para no enloquecer más de lo que ya estamos. ¡Ánimo! ¡Saldremos de ésta!

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