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El futuro clama responsabilidad, equidad, solidaridad y cambios

miércoles 08 de abril de 2020, 19:12h

“La peor crisis económica de la historia” es el calificativo que acaba de ofrecernos la OIT (Organización Internacional del Trabajo) sobre la situación sociolaboral que se le avecina al planeta y que cifra en la pérdida de 230 millones de empleos en tres meses. Mientras conocemos estas cifras históricas, el Eurogrupo (los ministros y ministras de Economía y Finanzas la Unión Europea) continúa enzarzado en debates que no ven la luz porque la solidaridad no está instalada en Europa.

En este escenario global, las Comisiones Obreras de Madrid siempre estaremos en cualquier iniciativa que busque soluciones futuras. Pero la prioridad ahora es salir de la crisis sanitaria y dar cobertura social a toda la población. Y estaremos denunciando y exigiendo responsabilidad en la gestión de gobierno y compromiso con la ciudadanía más vulnerable y con quienes pierden el empleo. Algo que no está sucediendo con el gobierno de la Comunidad de Madrid. Opacidad, informaciones sesgadas, ausencia de participación para ocultar su deficiente gestión y nulo compromiso con las personas más afectadas con la crisis.

Al igual que esta crisis es poliédrica, las soluciones deben ser múltiples, por eso el debate y las soluciones no pueden limitarse exclusivamente a políticas de empleo, sino a grandes políticas que tengan en cuenta lo global, también en su sentido geográfico. Y para eso son necesarios gobiernos competentes y oposiciones políticas que miren por los intereses comunes en un momento tan crítico y no solo por sus intereses de poder.

Es preciso cooperar con el Gobierno de España y definir claramente las competencias de cada administración ante esta crisis sanitaria que es nueva para todo el mundo. Es por ello, por esta necesidad de improvisación, por lo que hay que agilizar los procedimientos. Ante el temporal que se nos ha sobrevenido (hablemos con sinceridad porque no lo vimos venir) hay que improvisar. Tenemos que poner los pesos en el mismo lugar, con unidad, para no terminar a la deriva.

Y al tiempo que intentamos solventar este presente, no podemos perder de vista el futuro. Para ello, se debe hacer imperativo completar un estudio social que proteja a la clase trabajadora. Hay que incidir en la prestación de subsidios y en la creación de una renta mínima, hoy vista con buenos ojos hasta por sus recientes detractores. Incluso Donald Trump no ha visto otra salida que tirar del tan criticado “papá Estado” y movilizar ¡dos billones de dólares! Un plan que incluye pagos directos a muchos estadounidenses, subsidios al desempleo por valor de 250.000 millones y 367.000 millones de dólares en préstamos para pequeñas empresas. Es decir quien hasta hace unos días deploraba “lo público”, se ha doblegado ante la evidencia y con celeridad.

Hay que insistir en clarificar las competencias de cada administración en estos momentos, para evitar duplicidades y lo contrario, ausencias notables que terminan en desamparo a la población y broncas partidistas que no llevan a ninguna parte, más allá de crispar una situación que requiere de tranquilidad, mesura y paciencia. Una lección que muchos dirigentes deberían aprender de una sociedad española tantas veces más responsable que ellos.

Tanto en el futuro inmediato como en el más lejano tenemos que aprender de las experiencias. Y en primer lugar, como ya he dejado claro, es imprescindible la intervención del Estado con un importante fondo de choque, acompañado de otros en los ámbitos de su competencia en el autonómico y local Esta intervención debe caminar en paralelo a una mayor responsabilidad del sector privado, que debe asumir la democratización de las empresas y considerar estas como parte de una sociedad democrática. No islas donde impere el autoritarismo y la insolidaridad con la sociedad.

El esfuerzo en la denominada “desescalada” tiene que ser impresionante y muchas empresas van a tener grandes dificultades para poder recuperarse. Sin duda será el momento de tomar medidas para un cambio de sistema productivo.

La Comunidad de Madrid, tras muchos años de gobiernos ultraliberales, se ha convertido en una región de servicios. Ahora vemos, por una parte, que no tenemos músculo y por otra, qué es lo verdaderamente esencial y seguramente vuelva a ser esencial en futuras pandemias o catástrofes que vendrán ante la urgencia climática que ya padecemos. En este mundo de Inteligencia Artificial (IA), la Inteligencia Artificial y sus infinitos datos no han sido capaces de alertarnos de lo que venía. Hemos visto la relevancia del personal sanitario en una sanidad pública; la relevancia de la cadena de producción de alimentos; la necesidad del personal de limpieza, de cuidadoras, de quienes velan por las infraestructuras, incluso por una información veraz frente a los bulos…

En defintiva, los más esenciales son quienes peores condiciones laborales y saláriales padecen. Esta situación debe cambiar si queremos un futuro mejor. Hay que realizar previsiones de políticas activas sociosanitarias, incluida la contratación. El mundo de la salud y del cuidado no puede quedar al albur de la codicia empresarial. Nadie puede ser contrario a que las residencias de ancianos requieren un cambio radical como concepto de salud pública. Una de las grandes lecciones es que hay que replantear el modelo de los cuidados a las persona mayores.

Es el momento de de dotarnos de una industria sociosanitaria potente capaz de hacer frente al presente y al futuro. Ahora vemos que habría sido más importante fabricar respiradores, mascarillas, equipos de protección individual que bombas que terminan matando a niños en Oriente Medio.

El cambio debe ser estructural y basarse en la solidaridad y la equidad. Ahora vemos que muchas empresas “donan” como parte de sus campañas de imagen, haciendo alarde de logotipo. Bienvenido sea todo cuando no hay de nada, pero es el momento de que se lleven a cabo políticas fiscales para que se acaben las limosnas y entre todos hagamos país y comunidad solidaria y equitativamente.

No es tiempo de matar moscas a cañonazos. Estoy completamente de acuerdo con quien considere que nadie puede quedarse atrás, en la cuneta de la exclusión. Es el momento de demostrar que el movimiento se demuestra andando.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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