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El tiempo es relativo

Por Lidia López García
miércoles 18 de octubre de 2017, 17:36h

El tiempo es relativo, o lo que es lo mismo: no es absoluto. Es así, por muy raro que nos resulte pensar que el tiempo pueda pasar más despacio en un lugar que en otro, para unos objetos que para otros, para una persona que para otra…Pero tienen que creerme porque no lo digo yo, lo dice la física desde que A. Einstein enunciara su Teoría de la Relatividad Especial.

El tiempo es relativo, esto ya no lo dudamos, pero no nos gusta que sea así y desafiamos a las leyes de la física inventando los relojes para que mis minutos tengan los mismos tic tac que los vuestros: sesenta.

Hay algo que deberíamos de recordar cada mañana: el tiempo y su relatividad. Y digo recordar, porque somos tan idiotas que nos hemos creído nuestro propio invento y ahí estamos, corriendo para ganar segundos, ya sea pitando al coche de delante ante un semáforo en verde, no saludando a quien tenemos enfrente, o sustituyendo las cálidas llamadas por mensajes, y todavía nos creemos que ganamos tiempo.

El tiempo ha sido siempre relativo, incluso cuando íbamos sin tiempo: siempre se nos hacía corto cuando estábamos jugando en la arena, y largo cuando estábamos comiendo lentejas en la mesa. Corto era el tiempo del recreo y eterno el que tenías que esperar en la fila para que tu enfermera te pusiera la vacuna o el médico te metiera aquel palo de madera en la boca. Corto fue el tiempo del primer beso y largo lo recordamos ahora.

El tiempo es relativo y caprichoso porque hay a veces que se detiene cuando queremos que coja velocidad y otras se acelera cuando queremos pararle, es injusto porque deja sin vida a niños y alarga la del anciano que no puede ni quiere vivir más y es cruel porque encima no suele avisar de cuándo nos vamos a quedar sin él. A algunos esto tampoco nos gusta, y se nos ha ocurrido volver a desafiar a las leyes de la física y nos hemos hecho enfermeros y médicos para cada uno en su línea intentar aumentar con nuestro reloj segundos a la vida de nuestros pacientes.

Y ahí estamos: corriendo por el pasillo del hospital, mirando al ordenador en vez de a los ojos, sustituyendo un cálido nombre por un diagnóstico o un número de cama, porque así creemos que ganamos tiempo y atenderemos a más pacientes. Y estamos en lo cierto, atenderemos a más, pero tanto yo como ustedes sabemos que no mejor. ¿Culpa de la sobrecarga de trabajo o a veces única y exclusivamente de nosotros mismos?, quién sabemos que no la tiene es el paciente.

He pensado muchas veces que tanto en nuestra vida personal como profesional y a pesar de los condicionantes que tengamos deberíamos de hacer dos cosas: La primera, es tirar alguna vez el reloj para poder dejar de contar. No importa tanto el cuánto vivimos, sino el cómo y con quién lo hacemos. No es importante el cuánto cuidamos, sino el cómo lo hacemos y a quién.

La segunda, es atrevernos a ‘’perder el tiempo’’, con esto de la relatividad, quién sabe, ¡igual lo estamos ganando!

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