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Acabar con la democracia representativa

miércoles 07 de junio de 2017, 16:02h

Desde que llegaran los partidos de la “nueva política” a nuestras instituciones, la Asamblea de Madrid se ha convertido más en una pista de circo que en una Cámara legislativa donde están representados todos los madrileños a través de los diferentes grupos políticos, y donde se presentan, debaten y aprueban iniciativas parlamentarias para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Hace dos años, tras las elecciones de 2015 y con el nuevo arco parlamentario definido, los diputados autonómicos otorgamos de forma mayoritaria a Cristina Cifuentes la confianza y la encomienda de formar Gobierno. Un gobierno para gestionar y dirigir la Comunidad de Madrid, eje motor de servicios tan esenciales como la sanidad, la educación, los servicios sociales o el trasporte de nuestra región.

Desde ese momento, la presidenta y todo su equipo en el Gobierno autonómico no han cesado en su esfuerzo por sacar adelante iniciativas y propuestas que mejoren la calidad de vida de todos en la región.

Congelación de las tarifas del trasporte público y de las tarifas del agua, la puesta en marcha del abono joven de 20 euros para menores de 26 años, la bajada de las tasas universitarias o de las escuelas infantiles son algunos ejemplos, a los que hay que sumar la mejora de nuestra red de Metro, los hospitales y los juzgados. La búsqueda permanente del dialogo social, sacando adelante junto a sindicatos y patronal la Estrategia de Madrid por el Empleo que ha generado ya 200.000 empleos nuevos en nuestra región en lo que va de legislatura, es otro hito fundamental de estos dos años de Gobierno de Cristina Cifuentes.

Sin embargo, la oposición, lejos de reconocer los esfuerzos de este Gobierno por trabajar por quienes más lo necesitan, siguen instalados en su idea de “asaltar los cielos”. En Madrid ya no hay esa emergencia social que vendían en campaña electoral, ya no importan los problemas o necesidades de la calle, porque para la oposición solo importa una cosa, desbancar a Cristina Cifuentes sea al precio que sea. Ese es su único objetivo, su única hoja de ruta. Sin propuestas, sin programas…., el poder por el poder, el quítate tú para ponerme yo.

Y el máximo exponente del surrealismo en el que están instalados Ciudadanos, PSOE y Podemos desde que se iniciara la legislatura la veremos escenificada mañana, con una moción de censura que nace fracasada, pero que no importa, porque servirá para el espectáculo mediático con el que se encuentran tan cómodos.

Una sesión plenaria en el que el Gobierno y los diputados dejaremos de trabajar en iniciativas parlamentarias para escuchar un proyecto rechazado en las urnas por los votantes en las pasadas elecciones regionales y que igualmente será rechazado por la mayoría de los diputados mañana en el parlamento.

Presentaron esta moción amparados en la votación que las bases hicieron en su consulta ciudadana. Dicen que el 94% votó a favor de ella. Exactamente y siempre según sus datos (poco o nada contrastados), 14.448 personas.

Y yo me pregunto, qué son 14.448 votos frente al 1.050.256 de votos que la lista del Partido Popular encabezada por Cristina Cifuentes obtuvimos en las elecciones regionales, y que le daban su confianza directa para ser la presidenta de la Comunidad de Madrid.

O qué son esos 14.448 frente a los 3.205.931 de personas que participaron en las pasadas elecciones depositando su voto en cualquiera de los partidos políticos que concurríamos a las elecciones.

Pues exactamente, esos supuestos 14.448 votos representarían el 0,45% de los votantes.

Ojo con caer en el error de creer en las tesis de Podemos sobre las consultas ciudadanas para la toma de decisiones en las instituciones, porque lo único que son, es su mecanismo para vulnerar una y otra vez la democracia representativa de nuestro país.

Decía el secretario general de Podemos en Madrid, Ramón Espinar, que presentaban esta iniciativa "por un imperativo ético". Por imperativo ético, por respeto a la cámara autonómica y por respeto a todos los madrileños, después del fracaso que supondrá mañana esta moción de censura, él y su candidata deberían dimitir y dejar su acta.

Los madrileños necesitan políticos serios que les representen en las instituciones y no den bochornosos espectáculos circenses. La política y las instituciones no están para eso.

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