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Carmena liberada

domingo 28 de mayo de 2017, 22:01h

Poco a poco, paso a paso, con algunos altibajos y tropiezos en su andadura, Manuela Carmena va asumiendo el papel de alcaldesa de todos los madrileños. Le felicito por ello. Es lo que toca cuando se desempeña un cargo institucional tan representativo. Por fin vemos a Carmena adaptada a los usos y costumbres del pueblo de Madrid. Las fiestas que acaban de celebrarse en honor del Santo Isidro, patrón de la ciudad, son un ejemplo de lo que escribo.

Relevada de su puesto la inefable Celia Mayer, que aún continúa dando la tabarra en otras instancias municipales, el área de Cultura y Festejos del Consistorio ha recuperado la sensatez y la cordura. También se ve en eso la mano de Carmena. Por ahí andaba la alcaldesa, entre chulapos y chulapas, mezclándose con las gentes a las que administra sus asuntos más próximos y cercanos. Como tiene que ser.

Nunca he sido partidario de resucitar el casticismo trasnochado y populachero que caracterizó a Madrid el siglo pasado. Siempre me pareció ridículo que los sucesivos regidores del PP trataran de hacerlo, pero tampoco me gusta un pelo que se conviertan en carnavales étnicos las tradiciones populares de la Villa. Las Fiestas de San Isidro han sido hermosas, abiertas, descentralizadas y participativas. Felicidades, doña Manuela.

Nunca se ha sentado Carmena en alguna de las barreras del coso de Las Ventas, ni creo que lo haga algún día, pero tampoco se ha sumado al coro de fantoches que pretenden convertir la Fiesta Nacional en una danza incruenta desprovista de picadores, banderilleros y matadores. Solo el torero, a puro huevo, que diría un mejicano, con un trapo rojo en las manos, enfrentado a la fuerza bruta de una res brava. ¡Qué cosas tienen algunos progresistas de pacotilla, doña Manuela! Usted sabe que la izquierda española siempre apreció el arte taurino.

Carmena es un verso suelto que flota en el poemario de Podemos. Aunque comparta con ellos muchos criterios ideológicos, no milita en ese conglomerado de tribus radicales. En muchas ocasiones se desmarca de ellos y gobierna con la independencia que figura en su historial político y humano. En otras, lamentablemente se pliega a las maniobras estratégicas que diseña Pablo Manuel Iglesias. Yo me quedo con la Carmena liberada, aunque me vaya a convertir mi amada Gran Vía en un paseo marítimo destinado a turistas cargados de bolsas, ciclistas sin circuito y paseantes sin destino.

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