Solo 101 alumnos accedieron a estos nuevos estudios que se imparten en el céntrico Instituto San Mateo, situado junto al metro de Tribunal. Para ello, tuvieron que presentarse a la prueba de los Premios Extraordinarios de Educación Secundaria y haber sacado más de un ocho en las materias fundamentales del currículo. Más horas de clase,
actividades de refuerzo y talleres voluntarios por las tardes, programas más completos, mayor número de exámenes... A todo ello se enfrentan estos alumnos.

Este miércoles, la consejera de Educación,
Lucía Figar, comunicó que dos de ellos han abandonado este programa porque "no podían seguir el ritmo de las clases", lo que para la presidenta de la Comunidad,
Esperanza Aguirre, "no significa que no esté "funcionando bien", sino que el alto nivel académico que se imparte hace que "haya chavales que tengan especiales dificultades".
Efectivamente, la presión que viven estos jóvenes es mayor ahora y
el trance no lo llevan todos igual. "Estábamos acostumbrados a ser los mejores y aquí somos todos iguales e, incluso, hay gente más inteligente que tú", confiesa
Alba, una de las alumnas de la rama tecnológica. Ella compartía clase con uno de los alumnos que ha vuelto a su anterior instituto: "Estaba como todos, preocupado por las notas, pero él decidió marcharse", asegura.
"No sacaba las mismas notas y no le compensaba. Además, tenía que venir desde Fuenlabrada", ratifica el director del centro,
Horacio Silvestre. La lejanía también afectó a la decisión de la otra niña que ha abandonado, que venía desde Las Rozas. "Se le estaba juntando todo y la familia la veía desmejorada", añade.
Notas más bajas
Casi todos los alumnos consultados aseguran que han bajado sus notas. Algunos lo achacan a la
mayor exigencia, otros al cambio de ciclo educativo o a tener menos tiempo para estudiar al tener que desplazarse desde más lejos. "A los de ciencias les afecta más, porque es más difícil", asegura un chico de la rama de letras entre risas. La preocupación por las notas es una constante, pues, además, algunos necesitarán
calificaciones muy altas para acceder a las carreras que quieren cursar, como Alba, que quiere estudiar Ingeniería Aeroespacial, estudios que requieren casi un 12 de 14 y ella sacaría mejores notas en un instituto normal.
Hay excepciones, como otra alumna consultada que asegura que le importa más lo que está aprendiendo que las notas. Es de la rama de letras y, por lo general, estas carreras tienen la nota de corte más bajo. "Van a pasar el corte sin problemas, pero
se tendrán que esforzar", asegura el director. "Nos han dicho que no nos preocupemos, igual hacen algo", comenta un grupo de alumnos a la salida del centro.

Otro de los problemas es la distancia con el instituto. En este céntrico edificio estudian alumnos de toda la geografía madrileña, como la localidad de Casarrubuelos (a 42 kilómetros del instituto), de donde hay una alumna que, según sus compañeros, tarda dos horas en llegar utilizando
tres tipos de transporte público. Como tienen actividades por la tarde, algunos se quedan a comer, pero tienen que llevar su comida y calentarla en el microondas del que disponen. "Estamos mucho tiempo aquí. Hay días que salgo a las cinco, tardo una hora en llegar a casa y aún tengo que hacer más cosas".
Es común entre estos jóvenes que
estudien en el conservatorio o en la escuela de idiomas, algunos varios idiomas, y al final pasan el día fuera de casa. Al acabar las clases muchos salen corriendo y no quieren contestar a las preguntas de este digital. "No tengo tiempo; tengo un montón de exámenes mañana", dice una chica. "Tengo que coger el metro; vivo en el quinto pino", se justifica otro.
Pese a los problemas con las notas y con las distancias,
la mayoría de los alumnos se muestran contentos con esta nueva modalidad de bachillerato que la Consejería de Educación quiere
ir implantando en más centros los próximos cursos. "Me gusta porque todos somos iguales, tenemos ganas de dar clase y eso da estabilidad", indica Alba. "Yo antes era la lista y las clases estaban adaptadas a los demás. Y estudiaba en un instituto público en una zona conflictiva, así que ahora el ambiente es mejor para el aprendizaje", comenta su amiga
Stephanie. Incluso encuentran a
compañeros capaces de explicarles lo que ellos no entienden.
Dudas sobre la segregación
La pregunta de si con este bachillerato se segrega a los alumnos ha estado presente desde que
Aguirre anunció este experimento que ha empezado a funcionar el mismo año en que los institutos madrileños
se han levantado contra los recortes en personal. "Tener diferentes niveles acaba afectando tanto al que hace más como al que hace menos. Hay alumnos que lo están pasando mal, porque antes eran brillantes y ahora son del montón", opina
José Luis Pazos, de la FAPA Giner de los Ríos.
Por su parte, el director del centro argumenta que la pregunta está mal planteada. "La equidad no se basa en que todos estudien lo mismo, sino en que cada uno reciba la formación para la que está preparado. No es separar, es clasificar, organizar", apunta Silvestre, quien, según cuenta, llegó a la dirección del centro porque conoció a la consejera tras mandarle
una carta quejándose del tratamiento que reciben en el currículo escolar asignaturas como Latín, que sigue impartiendo en el instituto San Mateo y de la que es catedrático.
¿Y los alumnos qué opinan de esto? "Igual que hay clases de 'diver' [en los grupos de Diversificación entran los alumnos con más problemas para lograr acabar la educación obligatoria] o de refuerzo, también puede haber estudios para que nosotros podamos ir a nuestro ritmo", asegura uno de ellos. Aunque el ritmo a veces no pueda ser seguido por todos.