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Otro paleto más

Otro paleto más

martes 16 de agosto de 2011, 00:00h
Actualizado: 23/08/2011 14:49h
Hasta hace poco, la visita del Papa no me había llamado mucho la atención. Intentaba pisar el centro de Madrid lo menos posible y me había acercado poco a las noticias en general, por un claro desinterés y porque agosto me acerca más a actividades que en otras etapas del año me son menos accesibles, entre ellas, disfrutar del tiempo, de cada segundo de cada hora leyendo y gozando de otros mundos fuera del que nos enseñan los que tienen poco que enseñar a los demás.

Durante días me asqueó el mundo que permite que miles de personas, sobre todos niños, vivan pendiente de su condena de muerte porque no pueden comer y están en el listado de hambrientos de la modernidad y también el mundo que reacciona ante los crímenes del demente de Oslo señalando a los fantasmas que se visten de diferentes por el color de su piel, sus creencias y maneras. No fueron los islamistas los que asesinaron a jóvenes que asistían a un encuentro de los laboristas noruegos, sino un enfermo que nadaba entre el odio y el rechazo a los que no piensan como él.

Después de que la hambruna de Somalia y los crímenes de Oslo pasaran a un lugar secundario para los que nos marcan el camino y los recovecos de su mundo, la visita de Benedicto XVI, para unos, y el ciudadano Ratzinger, para otros, me provocó una enorme preocupación. Sobre todo la respuesta de algunos de los jefes de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana en España, ante la manifestación de algunos colectivos, entre ellos, cristiano de base, contra los comportamientos de las administraciones que viven de los dineros de nuestros impuestos ante la visita del Papa, que no viene como Jefe de Estado del Vaticano ni por una invitación oficial de ninguna institución del Estado español, sino en calidad de ciudadano privado, por muchos cargos que atesore dentro de su Iglesia.

Cortan las calles donde se desarrollarán los actos religiosos, ofrecen sedes de los gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid para publicitar estas actividades, tratan fiscalmente de manera favorable las ayudas que patrocinan esta visita y ofrecen precios ventajosos en los medios de transporte público a los peregrinos y jóvenes católicos que se muevan por la capital.

No me parecen mal estas concesiones, ni tampoco la visita de Benedicto XVI, pero sí las críticas y posiciones de los mismos que aullaban ante las incomodidades que provocaron los “indignados” en las calles que ocuparon para sensibilizar a la sociedad de los males y peligros del bipartidismo que maneja las principales actuaciones de la clase política, y también de la necesidad de plantarse ante las medidas contra la crisis por perjudicar a los mismos, como siempre. Manifestarse contra la generosidad del Estado con la visita papal es cosa de paletos y parásitos, eso dijeron un obispo y un portavoz de la Conferencia Episcopal, órgano de la Iglesia que se manifiesta profusamente cuando las leyes de los gobiernos no les caen simpáticas.

Mi amigo César Giner, exdiputado socialista de la Asamblea de Madrid y crítico con los que mandan en su partido, me cuenta que apoya, ante el próximo Congreso del PSOE, una iniciativa de denuncia del vigente Concordato que ponga fin a la injerencia del Vaticano en la política española y que concluya con los privilegios especiales que goza la Iglesia Católica.

Todas las opiniones me merecen la pena, pero lo que más me conmovió fue lo que me dijo mi madre, católica practicante, sobre esta visita. “Es una vergüenza que se gasten ese dineral cuando muchos los estamos pasando tan mal”. Ella no entra en quién paga parte de eso más de 50 millones de euros que costarán tan especial evento, se limita a recordarme que cobra una pensión de vergüenza por exigua y que le han ido recortando poco a poco las ayudas que recibe. “Antes venían más horas a ayudarme a arreglar la casa, ir a la compra o hacerme compañía”, dice la señora Josefa, quien añade que “se podrían hacer muchas cosas para la viejitas como yo con ese dineral que gastarán los que no dicen nada cuando nos maltratan dejándonos en un segundo o último lugar porque hay crisis. Qué vergüenza”. Después de pensarlo seriamente, he decidido que realmente soy un paleto y me manifestaré con otros paletos contra la falta de pudor de muchos y la desvergüenza de otros.

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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