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¡A la calle! Que ya es hora

¡A la calle! Que ya es hora

martes 23 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 25/02/2010 10:47h
Crisis, paro, deudas sin pagar. Algunos dicen que corren malos tiempos para la poesía. Sí, para la poesía combativa de Gabriel Celaya, que hace muchos años nos regaló su “España en marcha” a la que puso voz y música  Paco Ibáñez, que popularizó esas estrofas de  “¡A  la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”.

Antes queríamos salir del túnel negro de la dictadura que nos ahogaba y ahora, en plena etapa democrática en la que la democracia parecer ser un ejercicio que se practica cada cuatro años, que no es una buena gimnasia ciudadana, queremos escapar de la apatía y de unos usos acomodaticios que pretenden extender los más acomodados. UGT y CCOO, por fin, deciden salir a la calle y sacar a los ciudadanos para protestar contra la propuesta del Gobierno presidido por José Luís Rodríguez Zapatero de ampliar la vida laboral de los trabajadores hasta los 67 años, lo que supondría retrasar la edad de jubilación dos años más de lo establecido legalmente.

LLegó la crisis y miles y miles de personas perdían su trabajo y el número de familias sin un solo miembro ocupado se ampliaba sin parar. Y no pasaba nada, porque la clase política estaba decidiendo si había crisis o no. Cada cual actuaba pensando más en debilitar al contrincante que en buscar soluciones al drama que se venía encima. Eran tiempos en los que el debate importante, para ellos, se refería al dilema infantil ¿de quién son los parados? ¿El responsable era Zapatero o el presidente autonómico de turno del partido A del bipartidismo distinto al que gobierna en España? Así nos tiramos muchos meses intentando aclarar si eran galgos o podencos.

O si las políticas de Zapatero eran las responsables de la enferma economía que creaba parados con una facilidad impactante en la sociedad, como decían y dicen los populares. Los socialistas dejaron caer que menos mal que el PP no estaba al frente del timón de la gobernabilidad y que sus medidas eran y son las únicas que nos sacarán del marasmo. Mientras ellos debatían, el paro engordaba de manera poco saludable. Las empresas cerraban, los parados se veían obligados a dejar de pagar sus deudas con bancos y demás dueños de sus recibos. La movilización ciudadana, una arma excelente para protestar y quejarse de los males, destacaba por su ausencia. Las pocas que había eran localizadas y no generalizadas contra la crisis y el paro.

En la capital de España, UGT y CCOO se centraban en darle caña a la derecha y lanzaban algún puntacito al Gobierno de España.  Por fin, cuando las salidas pasan por el ahorro y la austeridad, los cinturones, que  los ponen los que menos penalidades sufren, se ajustan en las caderas de los trabajadores. Entonces, los sindicatos levantan la voz y claman contra lo que algunos llaman el pensionazo. Convocan una movilización general para impedir que siga adelante esta propuesta de  reforma del sistema de pensiones que incluye retrasar la edad de jubilación.

Es cierto que todo es cuestión de dinero, de llenar la hucha que guarda los ahorros de las futuras pensiones, pero no hay una sola manera de obtener fondos. Se sale a la calle a protestar contra la crisis, el paro y el mal futuro que vislumbran para las próximas generaciones que se jubilen, porque es una necesidad y porque es  hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo. Un nuevo capitalismo menos salvaje, una sociedad más democrática, unos gobernantes que gobiernan con ideas propias, unos políticos con más de una idea, casi siempre la misma, una riqueza más repartida, un mundo con menos hambre y más desarrollo.
Hay tantas razones para salir a la calle, sólo para tomarla, tomar el aire fresco y gritar contra los responsables lo que está pasando. Y el que se dé por aludido, que le den.
 
      

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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