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Las grandes empanadas gallegas y los jamones reclaman la atención de los turistas. Por su parte, los curiosos se acercan a una torre de latas que simulan un castillo de naipes. "Es vino, es vino", expresa una de las visitantes. Y efectivamente, se trata de vino enlatado."Son un Albariño y un rosado enlatados con gas para darles aguja", cuenta a Madridiario Carlos López Otero, gestor comercial de la firma. Este curioso caldo, que se comercia ya en Japón, se presenta en exclusiva en la capital. Por tan sólo 2 euros, el precio de una lata, se puede calmar la sed con el equivalente a dos chatos de vino. Para acompañarlo, Carlos recomienda "un pedazo de empanada gallega".
Gran reclamo son también las anchoas cántabras de Hortensia, conocidas entre los seguidores de 'La Plaza'. Esta santanderina, que lleva varios años participando en el mercado urbano, dice que a los madrileños les pierden "los sobados, la quesada y, sobre todo, las anchoas". Además, añade que, a pesar de la crisis, la gente compra este tipo de productos porque son "difíciles de encontrar".
No todo es apetito
Y como, aparte de la belleza, también es importante la higiene desde Francia ha llegado Camile para traer recursos naturales como la piedra de alumbre. Este mineral, procedente de ciertas zonas de Asia y Sudamérica, es rico en sal, elimina las bacterias y cicatriza las heridas. En forma de desodorante roll-on levanta mucho interés, sobre todo entre las mujeres. Al igual que el pintalabios natural de amapola que por tan sólo 5 euros ofrece una fijación de alta duración.





































