Crítica teatral.- Sombra de perro: verborrea incontenible
jueves 26 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 27/11/2009 13:32h
Nancho Novo, que llena estos días el Fígaro con un monólogo –“El cavernícola”- presenta como autor y director “Sombra de perro”, en el teatro Infanta Isabel. La obra está protagonizada por José Coronado.
Se me escapa la razón por la que este actor, que se prodiga poco en teatro, ha elegido este texto. La sombra de la culpa, la sombra de la maldad intrínseca –al parecer- al ser humano. El propio protagonista se asusta de su propia sombra, que él cree de perro rabioso.
¿Por qué se representa ahora este texto? ¿Porque se habla de quemar montes para recalificar terrenos? Hasta Antonio Gala utilizó la especulación urbanística para desencadenar su drama “La vieja señorita del Paraíso”. Y hace de eso ya 29 años. Claro que las cosas han empeorado desde entonces. Los personajes principales se enzarzan en una verborrea incontenible en la que incluyen todos los tópicos sobre el machismo, los depredadores urbanísticos, los falsos gurús, los triunfadores cocainómanos, las adúlteras por insatisfacción...
En una comisaría
La acción se presenta desde una comisaría, donde nos proyectan –imaginariamente- las sesiones de análisis del delincuente protagonista. ¿Por qué está en silla de ruedas el presentador? No se sabe. Algunas veces la acción se traslada al escenario de los delitos para ver cómo se descompone el matrimonio. No es extraño. Entre otras cosas la esposa, después de limpiar una herida por mordisco de perro, tira los algodones por cualquier parte del salón. Y ella se muestra estafada porque no se cumplieron los deseos que formuló cuando vio estrellas fugaces la noche que él le pidió matrimonio.
En el reparto Sonia Castelo y Camilo Rodríguez –a lo cacique arnichesco- defienden como pueden sus párrafos. Coronado suda la camiseta, la camisa e, imaginamos, hasta los calzoncillos: acaba empapado. Además, en la función salen otros dos.