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10 de la mañana junto a la catedral de La Almudena. La última generación de madrileños formaban el lienzo de la contienda. Varios escolares de entre 11 y 14 años conformaron con las piezas de un puzzle gigante el cuadro de 'Los fusilamientos del 3 de mayo'. Nerviosos, los jóvenes marcaron el paso de las celebraciones. La multiculturalidad española e internacional y la idea de unión quedó demostrada con la intervención de chavales de muchos países y zonas de España. Cabe destacar la intervención de los tamboriles catalanes del Bruch.
La maja, la bestia y la heroína
Mamelucos y 'steam-punk'
La gente no comprendió qué tenía que ver la mezcla artística de la música egipcia de 'Les Musiciens du Nile' (que evocaban a los mamelucos), las cabriolas de los caballos de Menorca y el espectáculo 'steam-punk' de la compañía 'La Machine' con el levantamiento y sus causas. De hecho, se quejaban porque no entendían nada. Finalmente, aparecieron los músicos y hubo un choque musical que terminó en la interpretación de una única partitura que trató de enmendar el cuadro general que tenía como fondo una reproducción gigantesca del pintor aragonés.
Miles de personas atestaron la plaza, el paseo de Recoletos y la calle Alcalá. El maestro de ceremonias y narrador fue el actor y escritor José María Pou. La compañía utilizó el fuego, el viento, las luces, el sonido y otros muchos recursos para transmitir al público el entorno social, político y psicológico que se vivió hace doscientos años en una ciudad invadida como fue Madrid.
La maravillosa interpretación concluyó con una cerrada ovación para los artistas. Fue el broche de oro para una conmemoración que, con sus luces y sus sombras (sobre todo en cuanto a contiendas políticas se refiere), elevó el recuerdo de lo que fue y lo que provocó el levantamiento del Dos de Mayo.



































