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Pongamos que se habla de Madrid, de aporofobia y gerontofobia

jueves 22 de abril de 2021, 09:22h

Cuando comienzo estas líneas los datos oficiales cuentan que en las últimas 24 horas han fallecido en Madrid 25 personas víctimas del COVID. Este es el escenario en el que la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha convocado esta elecciones. Por eso desde las Comisiones Obreras de Madrid seguimos animando al voto por correo. Por eso también estamos explicando en centros de trabajo que cualquier persona tiene derecho a votar en día laborable, lo ilegal es que los empresarios lo impidan o pongan obstáculos.

Pero esta es la región en la que el partido que perdió las elecciones en 2019 ha sabido moverse, incluso fuera de la más mínima ética, para intentar agarrarse al poder un poquito más, que “sólo” lleva 26 años. Esta es la región en la que su presidenta busca exclusivamente en el enfrentamiento contra el presidente del Gobierno de España mirando sus intereses personales y partidistas sin pensar en Madrid y mucho menos en las personas más desfavorecidas de la región.

Me han indignado sus comentarios, recurrentes por otra parte, sobre las persona vulnerables que subsisten gracias a las “ colas del hambre y de la solidaridad. Lo he calificado de aporofobia, con su repugnancia hacia la pobreza, cuando humilló a esas personas que tienen que acudir a las colas del hambre, calificándolas de “mantenidas”. Declaraciones que nos vuelven a avergonzar como madrileños: “Necesitan Madrid para seguir con su hoja de ruta que es romper España, dividirla territorialmente y crear ciudadanos de primera y de segunda. De segunda, los mantenidos subvencionados que ellos crean como las colas del hambre para que la gente dependa de ellos”.

Las colas del hambre son un fracaso de esta sociedad y fundamentalmente de quien gobierna desde hace ya demasiados años esta región, alentando la desigualdad. Una desigualdad que genera su modelo ultraliberal que deriva a grandes bolsas de pobreza severa cuando aparece una crisis como pasó en 2008 o ahora con la pandemia.

El rechazo del PP y VOX a las personas pobres, su odio de clase, lo vengo denunciando especialmente desde el inicio de la pandemia. El odio de clase ha ido a más en este cuarto de siglo largo de gobiernos del PP: Desmantelamiento de sanidad pública, que no han rectificado ni en la pandemia; desmantelamiento de la educación pública, mientras han legalizado la próxima universidad privada, el próximo curso en primaria contará con 230 aulas menos y 7.322 puestos de trabajo menos. Ni una sola ayuda ha ofrecido Ayuso, por ejemplo, a quienes tienen que pagar un alquiler y se han quedado en paro o a las personas con el salario reducido de los erte.

La fábrica de pobreza de las derechas es evidenciada por los datos. Antes de la pandemia el 20% de la población madrileña, 1,3 millones de personas, estaba en riesgo de pobreza. Situación esta que ha crecido a raíz de la pandemia. Pero si los dirigentes PP se refiere a “mantenidos y subvencionados” cómo va a entrar en sus cabezas la necesidad de una Renta Mínima Vital. Ayuso considera que la Renta Mínima Vital es “un sistema para cronificar el desempleo y depender eternamente del Gobierno”. ¿Acaso piensa que la gente que está en riesgo de pobreza lo está por gusto? ¿Qué tiene que ver la cronificación del desempleo con la percepción de una renta destinada a paliar necesidades vitales y primarias como de la que hablo?

A la aporofobia hay que sumar en Ayuso la gerontofobia, esa reacción irracional que puede llevar a actitudes poco éticas con las personas mayores, al desprecio e incluso al maltrato o agresión. Si esta Semana Santa cerraba la presidenta los centros de salud e impedía que las personas más mayores y vulnerables fueran vacunadas, la muerte de residentes de Madrid evidencian también unas actitudes muy poco éticas.

Los datos oficiales ofrecidos por los Ministerios de Derechos Sociales, Sanidad y Ciencia e Innovación, que se están depurando porque la Comunidad de Madrid ha estado manipulándolos, dicen que nuestra región es en la que más mayores de España han fallecido por coronavirus entre el 2 de marzo y el 11 de abril: 6.208 (1.499 con COVID confirmado y 4.709 con síntomas compatibles).

Según el informe de Envejecimiento en la Red, que colabora con la Fundación General CSIC y el Instituto de Economía, Geografía y Demografía, el exceso de defunciones se puede explicar por varias causas. Destacan que se aplicó un protocolo de exclusión de la atención sanitaria en los hospitales de referencia a los residentes enfermos que tenían deterioro cognitivo o discapacidad motriz. Y esta exclusión se aplicó desde mediados de marzo hasta mediados de abril del año pasado, así que no se medicalizaron las residencias a pesar de que hubo sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid para que se llevara a cabo esa medida.

Además, el informe explica que solo se trasladaron a hospitales privados a aquellos residentes con seguros privados. Argumentos muy similares a los esgrimidos en su día por otro documento de Amnistía Internacional respecto a la primera ola de la pandemia

En este escenario no deja de sorprendernos la poca vergüenza del PP, que esta semana ofrecía voluntarios de su partido para ir a una residencia a ayudar a votar el día 4 a los mayores con dificultades. Tras el escándalo, la propia residencia ha decidido declinar la “ayuda”.

Cuando concluyo estas líneas acaba de finalizar el debate en Telemadrid entre las distintas candidaturas a las elecciones del 4-M, el único al que ha decidido acudir Isabel Díaz Ayuso después de haber disuelto la Asamblea de Madrid y volar su Ejecutivo de coalición.

En mi opinión hemos visto, sin trampa ni cartón, a una derecha en su línea: Desprecio por Madrid, por los madrileños y madrileñas con el añadido del racismo y la xenofobia a golpe de bulos. Y hemos visto a unas izquierdas con ideas nuevas, unas izquierdas responsables con ganas de superar la corrupción, unas izquierdas dispuestas a acometer políticas fiscales basadas en la equidad, la solidaridad y la justicia en el corto y medio plazo. Unas izquierdas, por fin, enviando un mensaje de unidad y esperanza.

La solución es votar en masa, desde ya por correo, y si no, el 4 de Mayo en los colegios electorales.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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