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Cercanías

Cercanías

Por Pedro Fernández Vicente
lunes 17 de octubre de 2011, 00:00h
Actualizado: 31/10/2011 13:19h
Si hay algo que preocupa y mucho al ciudadano de hoy es la contaminación. Por más que los medios de comunicación nos esforzamos en sacar a la calle el debate sobre la utilización de las distintas energía, no se consigue tener un control para reducir la contaminación en la medida deseable.

Pero si además nos encontramos con una situación especialmente complicada en las grandes ciudades como Madrid, es preciso hacer saltar todas las alertas. Hay que contaminar menos, utilizar menos el coche y más el transporte público.

Los trenes de cercanías son la perla del transporte en las ciudades modernas. Es el medio menos contaminante y más ágil para trasladar a las personas desde las ciudades dormitorio hasta el centro. Madrid dispone una red de trenes cuya utilización va en aumento por la catarata de prestaciones que ofrece a los potenciales viajeros que son todos los que viven más allá de los límites de la capital de España.

El cercanías, como se denomina popularmente, representa un medio de transporte público barato, poco contaminante, capaz de trasladar simultáneamente a más pasajeros que cualquier otro sistema, seguro y puntual. Creo que hay que destacar estas dos cualidades finales. El tren de casa, este que cogemos para viajar en trayectos cortos y diarios, es puntual. Sabemos exactamente cuanto durará el viaje que vamos a iniciar. Conocemos el momento exacto en que tenemos que subirnos a los vagones para llegar a nuestro destino sin retrasos. No hay atascos, ni sorpresas. Sabemos el momento de partida y el de llegada. Sería preciso ampliar los horarios, ofrecer a los usuarios una mayor dotación en horarios nocturnos que permita a los jóvenes una mejor y más amplia utilización. Por lo demás  ¿Puede ofrecernos eso cualquier otro medio?. El coche no, desde luego.

El tren es seguro y cómodo. El cercanías, que ya es elegido por la mayoría de los ciudadanos, pone al servicio del usuario un tiempo de relax personal. El viaje, aunque sea corto, mantiene todo el romanticismo que tiene el tren. Los minutos son otra cosa. En el cercanías no se pierde el tiempo viajando, como nos ocurre con el coche. Cuándo subimos a un tren de cercanías, entramos en ese paréntesis personal que dedicamos a la música, a nuestros pensamientos, a la lectura, a la observación….el viaje deja de ser un momento incómodo y de tensión para convertirse en los minutos esperados de cada día. Ir al trabajo en cercanías es aislar unos instantes agradables y cómodos de la vida en común.
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