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Ligero Cascos

Ligero Cascos

Por Ángel del Río
lunes 03 de enero de 2011, 00:00h
Actualizado: 10/01/2011 17:13h
Cuando los políticos, nos cuentan, como si fuéramos niños, que la política es para ellos una forma de servicio a la sociedad, un desprendimiento personal de entrega y dedicación, nos parece demasiado idílico para ser cierto, y adquirimos constancia de que una cosa es la filosofía y otra la práctica cuando, con cierta frecuencia, conocemos casos de políticos que tiran por la borda su espíritu de servicio, de entrega desinteresada y lealtad cuando no consiguen los objetivos personales que ambicionan.

Uno de los primeros casos de primer nivel fue el del recordado y extraordinariamente valorado Adolfo Suárez. Cuando se vio obligado a dimitir de la presidencia del Gobierno, no observó a su partido con ganas de respaldarle para un nuevo intento de acceso a esa presidencia, no se quedó en UCD para recomponer y revitalizar el centro de cara a proyectar esta opción como alternativa de gobierno, sino que abandonó el partido, y no contento con ello, creó otro nuevo, el CDS, con lo que dinamitó el centro hasta hacerlo desaparecer.

El último caso es el de Francisco Alvarez Cascos, que tras una larga ausencia de la vida política, soñaba con volver a ser el líder de puño de hierro, convertirse en el candidato del Partido Popular al Principado de Asturias y, además, controlar, hacer y deshacer dentro del partido asturiano. Finalmente la dirección nacional ha decidido que no sea él el candidato, y la reacción de Cascos ha sido propia de una persona soberbia, sin lealtad al partido del que un día fue secretario general, ministro y vicepresidente del gobierno. No sólo ha dicho algo así como: “sin mí no hay partido en Asturias”, y nada más conocer la noticia se ha dado de baja en el PP, sino que ha dejado abierta la puerta para crear una nueva formación política, que quizá tenga escasas posibilidades electorales, pero que puede hacer mucho daño al PP, y eso es lo que se persigue en estos casos: dañar al que ha sido el partido de uno de toda la vida, pero que se convierte en partido enemigo cuando no da satisfacción a las pretensiones personales.

Lo de Cascos ha venido a demostrar que es muy difícil creer a los políticos cuando hablan de su generosidad, voluntad de servicio y trabajo desinteresado en función de una ideología en un partido, cuando muchos de ellos dejan de prestar su ánimo en el momento en el que el partido no les sirve para sus intereses, metas y logros personales.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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