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El viaje del actor: hacia ninguna parte

El viaje del actor: hacia ninguna parte

viernes 01 de octubre de 2010, 00:00h
Actualizado: 04/10/2010 08:41h
Hace 150 años que nació Antón Chéjov (29 de enero de 1860). Sus 45 años de vida fueron suficientes para lograr la inmortalidad teatral gracias a  títulos como La gaviota, La tres hermanas, Tío Vania o El Jardín de los cerezos. Paco Plaza celebra el aniversario en la sala verde de los Teatros del Canal con un montaje basado en las piezas cortas de Chéjov.
El viaje del actor es una dramaturgia de Plaza, que bebe en La petición de mano y El canto del cisne. Pero el director quiere, sobre todo, mostrar el final de viaje de una generación de actores irremisiblemente perdida. Son los viejos intérpretes que, incapaces de sobrevivir a los nuevos tiempos, sólo pueden mostrar el postrer canto del cisne. Recordamos de paso que las veteranas bailarinas –nunca son viejas- suelen despedirse del público con La muerte del cisne. Paralelismo obvio.

Pero el viejo maestro pasa el testigo  a dos jóvenes ilusionados, con la vieja rata de escenario, el hombre para todo, como padrino. Y a ellos los dirige en la pieza de teatro, dentro del teatro. Es la representación siempre divertida de La petición de mano.

Para llevar a escena este homenaje al actor, Francisco Plaza recurre a una tarima, que es el ficticio escenario, a cuyo alrededor se mueven, como entre cajas, los actores. Y nos devuelve la belleza de los viejos telones como decoración. Recordemos los hermosos trabajos de hombres como Augusto Ferri y Jorge Busatto, que antaño crearon auténticas piezas de museo. Con ellos, y con una luz ambarina, logra el director la atmósfera teatral de antaño.

Como no hay solución al problema que tiene planteado el maestro, nada mejor que terminar su peripecia escénica con El canto del cisne, pieza codiciada por los grandes hombres del teatro para su lucimiento. Aquí lo logra el veterano Roberto Quintana, estremecedor en su delirio que le lleva a saltar la cuarta pared y bajar a entablar contacto con la platea. En el resto de la obra este protagonista se ajusta a los cánones de los antiguos actores, sobreactuados, amantes de las caracterizaciones excesivas. La dan la réplica dos afortunados jóvenes, Ángela Cremonte y Daniel Moreno, mientras que Juan Carlos Castillejo completa el reparto arropando en su viaje final al maestro.

Aunque parece un montaje teatral sencillo, con poco atrezzo, vestuario funcional y espacio limpio, hay detrás un complejo trabajo de dirección para que parezca que sólo los actores y la palabra de Chéjov son importantes. Sólo va a estar representándose hasta el 17 de octubre.
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