El hotel residencia de los marqueses de Borghetto se construyó en 1913 bajo los diseños de Ignacio Aldama, siguiendo la pauta de hotel francés del siglo XVIII, combinando neoclasicismo y barroco. Se sitúa en una parcela de 686 metros cuadrados en la prolongación del Salón del Prado. El proyecto de Aldama compuso el recinto alrededor de dos ejes y un patio cubierto en las plantas superiores. El edificio contaba con dos plantas más sótano que albergaban las estancias de un inmueble de la 'Belle Époque' madrileña. Hasta había una capilla con sacristía y retablo.
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Trasla marcha de los marqueses, habitó en el palacio la familia Elgas, antes de ser utilizado como embajada de Japón hasta 1953 y como primera sede de la Diputación Provincial de Madrid. El 12 de marzo de 1985, la propiedad pasó de la Comunidad al Estado, y el 24 de julio de 1986 se convirtió en la sede de la Delegación del Gobierno en la región.
Relieves de solapa
"En otra ciudad, este edificio sería una maravilla. Pero Madrid está tan lleno de ellas que el de Borghetto es uno de los múltiples palacetes que esconde esta ciudad", comenta Valcarce. El edificio, protegido y mantenido por Patrimonio Nacional, está lleno de arte, por dentro y por fuera. La fachada del edificio es la imagen corporativa de la Delegación.

El inmueble cuenta con estupendos techos de artesonado y estancias columnadas con mármoles (coronadas, en el caso del despacho de la delegada, con imágenes de pavos reales). Hay pinturas de numerosos autores del siglo XX como Moreno Galván, Victoriano Pardo, Jesús Molina García de Arias, José Bermejo Sobera, Nicolás Martínez Ortiz de Zárate o José Enrique Reyzabal Acebrón, entre muchos otros. El cuarto de reuniones principal alberga todo un salón de tapices goyescos de la Real Fábrica del siglo XVIII.
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Pero es en las artes menores donde más destaca el palacio. El paso de los japoneses por allí dejó salas forradas con seda con motivos naturales y puertas japonesas con relieves de solapa del país del sol naciente. Hay numerosas arañas de cristal de Bohemia y una valiosísima colección de relojes y piezas de plata, ubicadas en una habitación de gusto isabelino.
Sala de crisis
El paso de administraciones por el complejo ha obligado a hacer un profundo estudio del edificio para instalar allí oficinas sin afectar su carácter patrimonial. La Delegación combina estas estancias con despachos y salas de reuniones, y hasta está construyendo una sala de crisis para atender las competencias de seguridad de este organismo (control de manifestaciones, actuaciones policiales, nevadas, entre otras).
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La planta baja alberga actualmente el patio, oficinas, el despacho de la delegada y dos salas de reuniones, la de tapices y otra auxiliar. La primera planta contiene los despachos del subdelegado, la secretaría general técnica, un salón de plenos y una sala de reuniones ubicada en la antigua capilla (de hecho, conserva la disposición de templo). En la tercera planta se ubica el domicilio para el delegado de turno. Valcarce la utiliza por motivos de trabajo, aunque tiene su propia residencia familiar en la región. Las plantas superiores albergan las direcciones provinciales que tratan cada una de las áreas de trabajo del Gobierno central en la región.
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La Delegación puede ser visitada algunos días del año por los ciudadanos. Esta administración participa con la Asociación de Amigos de los Palacios y la Música, y organiza conciertos de música clásica abiertos al público. También se abre una pequeña terraza con escalinata desde la que hay una estupenda vista de la sala de recepciones del complejo. Valcarce asegura que "sería muy penoso que este patrimonio solo estuviese al alcance de los delegados que habitan a diario el edificio, por eso optamos por abrirlo al público para ofrecerles una posibilidad cultural y que disfruten de un espacio de todos los ciudadanos".