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Del prostíbulo al taller de costura

Del prostíbulo al taller de costura

lunes 26 de octubre de 2009, 00:00h
La prostitución "no es vida". Lo dice Carmen, y lo secundan Esperanza y Jacqueline. Lo saben, más que nunca, ahora que han empezado, puntada a puntada, una nueva etapa en el taller de costura de la Asociación para la Promoción y la Reinserción de la Mujer Prostituida (APRAMP), situado en pleno centro de la capital.
Entre máquinas de coser y telas son ellas mismas. No paran de hablar mientras cosen, hacen arreglos, confeccionan bolsos y broches de artesanía o aprenden patronaje.  Se cuentan sus cosas, se "hacen terapia", se levantan el ánimo, la autoestima y la fe. Porque, en palabras de Natalia García, trabajadora social del centro, "la prostitución las anula; llegan a APRAMP amenazadas, con deudas y con lo puesto, pensando que no sirven para nada".

Después de que la asociación les haya ayudado a encontrar un techo y en los asuntos legales que necesiten, las mujeres llegan al taller de costura para labrarse un futuro. Para Esperanza, brasileña de 32 años que oculta su verdadero nombre porque huyó con lo puesto del piso donde la tenían encerrada, fue "un giro de 180 grados". Cuando lo dejó, ya conocía la asociación a través de su unidad móvil. Pudo dar el paso porque "desde el principio me sentí muy protegida". A pesar de la experiencia, que se prolongó durante años, quiere quedarse en España. "Tengo dos hijos y una madre que mantener en Brasil", explica.

Jacqueline no dice su nombre real porque pronto dejará atrás todo esto. Ella sí volverá a Brasil, a sus 25 años, porque después de caer en las redes de la prostitución durante varios meses —"A mí me lo advirtieron algunas amigas, pero pensé que a mí no me podía pasar", dice con rabia— se le han quitado las ganas de quedarse aquí.

Embarazada... y 'despedida'
Ella dejó la calle a la fuerza: sus captores la echaron nada más quedarse embarazada porque ya no podía 'trabajar'. Así que terminó en APRAMP, "sin quejarme, que muchos están peor que yo"; tuvo a su hija, y se prepara para regresar a su país —"allí pensaba que estaba mal, pero ahora valoro mucho más lo que tenía"— cuando concluyan los trámites del Plan de Retorno Voluntario.

Carmen es rumana y tiene menos problemas con los 'papeles'. Ella ejerció por su cuenta —"mis 'chulas' eran mis hijas'"—, y no tuvo que huir de nadie, simplemente lo dejó porque "aquello no era vida". Pero oculta su verdadero nombre porque su familia, que está en su país, no sabe nada de su pasado. "Mi novio sí, pero me apoya, no tiene problemas", asegura. A sus 25 años, espera el momento de poder traer a sus hijas a vivir con ella. El momento de cobrar un sueldo.

Un empleo digno (de verdad)
El sector textil las espera a las tres cuando terminen su formación. Será un nuevo trabajo donde no se vean obligadas a recibir a un hombre tras otro para subsistir o para saldar deudas que alguien más fuerte que ellas les ha dicho que contrajeron cuando dejaron sus países, creyendo que encontrarían un empleo digno.

De empleo se habla en el taller, y mucho, porque saben que sin él no hay "reinserción". Una palabra que están empezando a 'rellenar' cada una de estas 50 mujeres con su propio significado. Algunas ya ganan unos mil euros, gracias al convenio de APRAMP con la Agencia para el Empleo, que también intenta encontrarles un trabajo en el sector textil cuando terminan su formación.

Otras están aún formándose, pero sus 'prácticas' son reales, pues aquí se hacen arreglos para empresas y particulares. Algunas empresas, solidarias con el proyecto, ya son clientes fijos, y cada vez se acercan más vecinos del barrio para encargarlas pequeños arreglos. "En cuanto se enteran de lo que es esto, suelen acercarse a hacer un encargo. El proyecto ha encajado muy bien en el barrio. Si todo va bien", avanza Natalia, "pronto podrán cobrar parte de los ingresos de este trabajo".

Actualmente, este dinero se emplea íntegro en sufragar el recurso. El local, una antigua guardería, está cedido por el Ayuntamiento de Madrid; los libros que se utilizan en las clases de español son préstamos colectivos de la biblioteca; parte de las telas que utilizan en su trabajo han sido donadas... Y, a excepción de dos personas, el resto de los que hacen posible el proyecto son voluntarios.


APRAMP
Arreglos, composturas y artículos de regalo
C/ Infantas, 2, local bajo
Madrid
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