miércoles 14 de octubre de 2009, 00:00h
Actualizado: 20/10/2009 16:46h
Hoy se ha efectuado el sepelio del cantante Luis Aguilé en el cementerio de Fuencarral. Se nos moría el pasado sábado después de muchos meses de haber soportado una dolorosa enfermedad. Con él se nos han ido a muchos un montón de recuerdos de juventud; sus canciones, algunas de las cuales escalaron los puestos más altos del hit parede. Se nos ido una forma de ser y comportarse, de luchador infatigable a favor de la vida y contra la muerte. Un día de hace ya tantos años, le admiré como seguidor, de fan de este argentino “nacionalizado” madrileño. Muchos años después le conocí de cerca, en esa otra faceta de persona sencilla, encantadora, con quien daba gusto dialogar y remontarse en el tiempo para conocer sus experiencias en el mundo musical y en la vida personal.
Luis Aguilé se ha muerto y nos dejado casi cuatrocientas canciones, que compuso para él y para los demás, pues su talento daba para todos. Nos ha dejado la herencia de una zarzuela madrileña que escribió hace unos años, pero no ha conseguido que nadie le estrene, por aquello de que los encargados de este negocio prefieren arriesgar menos y ganar más. El pasado mes de junio nos sentamos a la misma mesa en uno de los cocidos del “garbanzo de plata”, en Torres Bermejas. La enfermedad le había colocado ya muchas muescas en su físico, pero ninguna en el ánimo, en la ilusión por seguir viviendo y componiendo. Luis era optimista, pero no daba la espalda a la realidad, y esa realidad era la parca que ya le marcaba de cerca. Me regaló un CD recopilatorio de sus mejores canciones que había grabado para los amigos y una dedicatoria entrañable. Me volvió a hablar de su zarzuela inédita que había titulado “Viva la verbena” y prometió enviármela. Recibí esa pieza pocos días después.
Era como su testamento, como la ilusión incompleta de una vida dedicada a la música, una pequeña frustración, porque en esa zarzuela está condensado todo el amor que siempre dedicó a Madrid. Mereció la pena escuchar esa obra y merece la pena estrenarla, para que Luis la disfrute desde un patio de butacas indefinido. Vino a España en 1963 y se asentó en Madrid, para desde la Villa y Corte desplegar toda su carrera artística, proyectarse por el mundo y hacer en su corazón un rinconcito para el casticismo más entrañable de nuestra ciudad y dedicarle un espacio a nuestro gran género chico que es la zarzuela y su “Viva la verbena”, que es la expresión más auténtica de cómo vivía y sentía Madrid.
Luis Aguilé se merece tener una calle con su nombre en Madrid. Seguro que mi idea llega tarde porque el alcalde, siempre sensible a perpetuar el recuerdo de las personas que se hicieron en esta Villa y que de ella demostraron hacer una difusión permanente, ya lo habrá pensado.
|
Cronista Oficial de Madrid y Getafe
|
|