Con el Viejo Caserón se cierra una etapa con infinidad de desmayos, histeria, taquicardias, anécdotas, leyendas y miles de objetos perdidos tras sus puertas. El conocido Pasaje del Terror es un laberinto configurado con terroríficas escenografías iluminadas y sonorizadas donde el espectador es, en todo momento, el protagonista absoluto del espectáculo que dura diez minutos pero parece eterno para algunos.
25 años dan para mucho. Y si no que se lo digan a los once actores que día tras día se disfrazan y maquillan -en media hora- para conseguir la mejor "fotocopia" de los personajes de terror más famosos del momento. Uno de esos intérpretes y que desde hace dos años es el responsable de este espectáculo es Abel Perales. Él sabe bien lo que es dar miedo entre las paredes o celdas de este Pasaje del Terror. Durante 13 años ha trabajado metiéndose en la piel de algunas míticas y siniestras figuras, como Frankenstein, Freddy Kueguer o el hombre de la motosierra. "Soy un apasionado de las películas de terror" cuenta Abel, cuando nos relata cómo llegó hasta aquí. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, decidió dejar de lado los números y las cuentas para dedicarse a "asustar y dar miedo a la gente". "Si no te gusta el terror, no aguantas esta profesión", asegura.
"No me aburro nada", reconoce cuando echa la vista atrás y recuerda anécdotas y momentos simpáticos que ha vivido entre estos oscuros pasillos. Desde un hombre que, entre gritos y sustos, perdió un ojo de cristal y al final del recorrido se lo devolvió en mano el personaje del sangriento carnicero; o el de un cura que entró convencido que tenía que practicar un exorcismo a la niña de la conocida película. Unos momentos que ayudan en el día a día a sobrellevar la importante carga psicológica que soportan los actores al estar trabajando en un espacio cerrado, sin apenas luz y escuchando música ensordecedora y gritos a todas horas. "Es muy duro y hay que tener una psicología fuerte para aguantar la presión", reconoce Abel quien afirma que hay personas que no lo soportaron y al mes y medio decidieron dejarlo.
Todo está absolutamente preparado. Cada movimiento y escena está medida hasta el milímetro. "Nada se puede escapar de nuestro control" y por eso, ensayan horas y horas para tenerlo todo listo en cada actuación. Y aún así, en ocasiones tienen que improvisar ante situaciones con las que no cuentan y que dependen de la reacción de las personas que recorren el pasaje. "Problemas pocos, solo algún intento de agresión", reconoce Abel. El Viejo Caserón está equipado con cámaras de seguridad y vigilancia en todo el recorrido por lo que si ocurriese algo, rápidamente se podría actuar.
Con estos recuerdos y vivencias se despide, temporalmente, el Viejo Caserón. Este espacio dará paso a un nuevo proyecto más interactivo y sorprendente que se ajustará a la demanda del público actual y que se pondrá en marcha en el próximo Halloween. Habrá más actores que trabajarán de otra manera pero sin perder la esencia que caracteriza a este espectáculo del Parque de Atracciones, con sustos de muerte y auténtico terror. Pero todavía queda tiempo para disfrutar del pasaje que cerrará el próximo 31 de julio.
Por otro lado y hasta este domingo se celebra el Horror Fest. El visitante, con la entrada al recinto, podrá disfrutar de tres pasajes del terror, en la misma línea que el Viejo Caserón: La puerta del infierno, Fast Blood y Space Nightmare.
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