Irreductible. Así es Carla Antonelli (1959, Güímar. Tenerife). Irreductible porque, con ella, las categorías estancas no valen: ha sido actriz, es parlamentaria y es una de las más conocidas activistas por los derechos civiles en la España más reciente. Irreductible, también, por mantener intacta su energía combativa. Madridiario pregunta a la primera diputada transexual por el Orgullo Gay, pero no solo.
Hace unas semanas recogió su acta de diputada por el partido socialista en la Asamblea de Madrid. Sin embargo, no es nueva en este partido.
Siempre he sido simpatizante. Me manifesté públicamente por primera vez a favor del PSOE en 1977, días antes de las elecciones, en un periódico de Las Palmas. Vinieron a entrevistarme a la sala de espectáculos en la que trabajaba y dije que creía que el socialista era el partido que mejor trabajaría por nuestros derechos. Al día siguiente, el periódico publicó una fotografía mía con este pie de foto: "Carla: travesti politizada. Dice que votará siempre por el PSOE". Finalmente, en 1997 entré al partido de la mano de Carmen Cerveira, que fue quien creó el Grupo Federal de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales del PSOE.
¿Pero tiene carné?
Sí, y hay algunos que todavía rumorean lo contrario. Es cierto que al principio me negué, pero fue por principios. Entré a trabajar gratis para el partido, y, aunque lo que hay que pagar por el carné es una absurdez, durante un tiempo fui solo simpatizante.
¿Por qué cree que ahora, después de 14 años de sonada militancia, se han acordado de usted para un puesto institucional?
Cuando regresé de representar 'Lisístrata' en Mérida, me encontré con las primarias en el PSM. En todo momento tuve la firme convicción de que había que apoyar a Tomás Gómez. Aunque parecía que todo el sector LGTB del PSOE estaba con Trinidad Jiménez, nosotros demostramos que la otra candidatura también tenía un grupo que la apoyaba. Después de su triunfo, Tomás vino a la fiesta del
diario digital que dirijo y allí me insinuó algo. Hacia finales de diciembre me llamó para tomar un café y me ofreció entrar en sus listas. Y dije sí, sin condiciones. Yo nunca he apostado por contrapartidas.
No hace mucho, usted se declaró "de izquierdas, socialista y zapaterista".
Sí, soy de Zapatero y de Tomás Gómez. También ahora.
Hablando de primarias, ¿qué tal con Rubalcaba?
Ha sido una decisión del partido y por supuesto apoyaremos a este candidato. Se ha creído que es el más conveniente de cara a las próximas elecciones, y, sin duda alguna, estaremos ahí para darlo todo. No es bueno que España sea azul, como tampoco que lo sea de un solo color.
Si las elecciones son finalmente en 2012, ¿qué va a pasar?
Por supuesto que van a ser en 2012 y creo que el vuelco que se ha producido en las últimas no se va a dar en las siguientes. Los electores socialistas han decidido dar un voto de castigo o no votar por las condiciones que está viviendo el país. Hay una crisis económica mundial, y nos hemos olvidado de que no se ha creado aquí. Tampoco la burbuja inmobiliaria es un problema específico del partido socialista, pero al final la gente ha percibido que ha sido la legislatura de Zapatero la que ha enmarcado la gran cantidad de parados.
¿Temen que el Partido Popular realmente haga algo 'diferente' en materia de igualdad si les gana?
Pues tenemos a un Mariano Rajoy que ya viene amagando desde hace meses con que, aunque el Constitucional garantice el derecho al matrimonio de gays y lesbianas, él no lo hará. Y eso tiene un nombre.
Explíquenos qué es la Ley de Igualdad de Trato.
No es una ley que vaya a penalizar nada que no lo estuviera con anterioridad. Lo único que hace es formalizar de una manera real y fehaciente con normas específicas lo que la Constitución ya dice. Estamos hablando de que ninguna persona discrimine a nadie por su apariencia, o que no pueda llamar "maricón" o "travelo" a otra por la calle. Y si lo hace, tendrá que atenerse a una multa y probablemente se lo piense dos veces antes de reincidir. La Ley de Igualdad de Trato persigue que hasta ahora haya salido tan barato insultar en España.
El Orgullo ha estado este año pendiente de un hilo.
Ana Botella ha actuado a traición, crecida por los resultados electorales y por todo el poder que ha ganado en el Ayuntamiento. Ha creado una supuesta asociación de vecinos para hacernos creer que están en contra del Orgullo, y nada más lejos de la realidad. El día de la cacerolada,
la gente del barrio salió a sus balcones para hacer ruido.
Díganos dos momentos en su indisociable carrera como activista, política y mujer.
Yo recuerdo de forma muy intensa la época de Aznar porque había muchas ganas de cambiar las cosas. El momento más difícil fue cuando tomé la decisión de iniciar una huelga de hambre si el gobierno de Zapatero no sacaba de una vez adelante la Ley de Identidad de Género. Fue un momento muy conflictivo, pero tuve claro que no podía anteponer una ideología política al desarrollo de un derecho fundamental. Hoy me siento satisfecha de aquello.
¿Dejará el teatro?
No, nunca.
¿Hay algún bolo para estos cuatro años?
Para estos cuatro años, mi proyecto es: madrileños, madrileñas, Tomás Gómez, partido socialista. La legislatura se promete movidita.
Tienen a todo el Parlamento en contra...
La política es el día a día. La situación puede verse sacudida por muchos elementos.
¿Cuáles son las líneas maestras que persiguen ahora los colectivos LGTB? ¿Qué queda por conseguir?
Hace quince o veinte años, había chistes que acababan con un "mi marido me pega", o publicidad en la que el hombre llegaba violento a casa y la mujer debía servirle una determinada marca de coñac para calmarle. Hoy en día esto es impensable y sería una escandalera nacional. Sin embargo, ¿por qué sigue habiendo un 'todo vale' con nosotros? Puede que ya haya una mayor conciencia respecto a los gais, pero, ¿por qué sigue siendo lícito que algunos locutores hagan en la televisión comentarios jocosos con las personas transexuales? ¿Por qué todavía se le ríen las gracias a sus chistes de mal gusto? Eso es lo que se debe cambiar.
¿Habla de la 'igualdad real'?
Debe haber una concienciación y una ciudadanía de respeto. Y eso debe ser Madrid. Nosotros volveremos a proponer previsiblemente en esta legislatura la Ley de Transexualidad que el PP votó en contra en la anterior. En ella, además de garantizar el derecho sanitario que ya existe, se fomentará la no discriminación y la discriminación positiva en el ámbito laboral. En su mayoría, ese proyecto busca cambiar la letra pequeña de muchas de las normas existentes, como las de las casas de acogida, las comisarías, sobre temas de documentación, mujeres maltratadas... Para eso no hace falta dinero. Queda la igualdad real, un Madrid donde se pueda competir en igualdad de oportunidades con el resto de la población. No se pide nada más.