Crítica teatral.-El balcón: un poco oxidado
viernes 09 de abril de 2010, 00:00h
Actualizado: 10/04/2010 18:50h
Las Naves del Español presentan, con dirección de Ángel Facio, “El balcón”, la obra de Jean Genet raramente representada en nuestro país. Escrita en 1956 pone en escena los vicios y depravaciones, no sólo sexuales, de los poderosos, de los pilares del Poder: la Iglesia, el Ejército, la Justicia y la Policía.
Genet es un autor que esporádicamente aparece en nuestra cartelera. Desde que, en 1960, se estrenara “Las criadas” en el desaparecido Goya, esta obra ha vuelto regularmente. Siempre se toma como referencia la producción de Víctor García y Nuria Espert de 1969, un auténtico acontecimiento teatral. Como lo fue, en 1978, la llegada a España de Lindsay Kemp con su “Flowers”. Aquel formidable espectáculo figura entre mis recuerdos teatrales imborrables. Fue un mazazo para los espectadores españoles, poco acostumbrados a aquel despliegue de barroquismo, sensualidad y talento. Ángel Facio ya se acercó al mundo de Genet hace veinte años poniendo en escena “Ella” en la vieja sala Olimpia. Transformada en teatro Valle-Inclán, se estrenó allí hace tres años “Splendor’s”, también de Genet.
Apuesta convencional
El elegante burdel que presenta Facio, sus putas espléndidas y juveniles, su sofisticada tecnología, no casa, desde mi punto de vista, con la sordidez que suele rodear a este autor. Cierto que a esa 'casa de ilusiones' van los poderosos, pero hacer bonita una obra de Genet… Aunque el espectáculo arranca con una procaz frase de índole sexual, quizá para advertir al público de lo que va a ver, la provocación se va diluyendo en unas perversiones perfectamente coreografiadas. Y es que lo importante de “El balcón” es lo que dice, no lo que se hace en los salones íntimos. La crítica sigue siendo demoledora y aunque Facio se empeñe en resaltar las bondades de los revolucionarios, estos tampoco salen muy bien parados según el autor.
Brillante reparto
El numeroso elenco es sólido y homogéneo. Se agradece el riesgo de los actores puestos en situaciones difíciles. Destaca una brillante Yolanda Ulloa, como la Madame, segura, cínica, dominante, apenas vulnerable. Carmen, su puta confidente, también está excelentemente encarnada por Celia Nadal. Hay en casi todos, sin embargo, un tono declamatorio que acaba ralentizando la acción, estirando la duración del espectáculo. Si en el primer acto presenciamos el catálogo de preferencias sexuales de los clientes, en el segundo asistimos a la toma del poder por esa pandilla de farsantes que llevan a la calle sus fantasías de burdel hasta engañar al pueblo.
Hay también acción en el intermedio. Los revolucionarios acompañan al público (al que se queda a la segunda parte) vociferando “A las barricadas…” Los que ya tenemos unos años (o sea, muchos) hemos visto decenas de veces esas algaradas revolucionarias por los pasillos de los teatro. Recuerdo el escalofrío emocionado que recorrió a todo el teatro Español cuando este mismo himno anarquista comenzó a sonar en el final del primer acto de “Las bicicletas son para el verano”. Era el año 1982. Un año antes todavía se había estremecido España con el golpe de Tejero. Aquella sí fue una utilización teatral perfecta e impactante de esta canción. Ahora suena a oportunismo trasnochado.
“El balcón” es una propuesta arriesgada del teatro público madrileño. Pero también es una oportunidad para acercarse a un texto dramático prácticamente desconocido y puesto en escena con solvencia y medios.