domingo 21 de diciembre de 2008, 00:00h
Actualizado: 26/12/2008 17:00h
Dice el diccionario de la RAE que vodevil es una “comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco, que puede incluir números musicales y de variedades”. Salvo por la música, que creo que no la habrá, todo lo demás es susceptible de producirse en el pleno que debatirá la moción de censura en Pinto. También es susceptible de discusión su carácter de comedia; seguro que a muchos vecinos no les hace ni puñetera gracia.
El espectáculo es poco edificante donde los haya: una alcaldesa a punto de ser desalojada del sillón de regidor por la confabulación de ediles de fuerzas hasta antes de ayer enemigas irreconciliables, con el apoyo de un ex alcalde que en su día fue acusado de prevaricación, cohecho y falsedad en documento público e inhabilitado.
El futuro alcalde –un concejal del PSOE- reprobó el pasado mes de enero de este mismo año al que ahora será su socio y llave para hacerse regidor, que a su vez es un edil independiente que apoya un proyecto que meses atrás rechazaba incluso con manifestaciones en la calle; y que además se enfrenta judicialmente con su ex compañera de filas en el partido independiente de Pinto por la propiedad del nombre de la formación, Juntos por Pinto.
Da igual las siglas de cada cual; en realidad, podrían intercambiarse y el resultado sería igual de cochambroso y cutre. Ha habido ejemplos de esto que digo en todas las partes de la geografía española; que nadie se rasgue las vestiduras porque los que aquí son unos caraduras sinvergüenzas fueron en otra localidad los acusadores; ningún partido está en condiciones de lanzar la primera piedra.
Lo peor de todo es que los vecinos de Pinto están hartos de este circo, de ser protagonistas no porque su localidad sea un ejemplo de progreso, escenario de interesantes iniciativas industriales, empresariales o urbanísticas, o por estar a la cabeza en programas sociales o de lucha contra el desempleo. No, lo que les ha llevado a ser portada de todos los periódicos y cabecera de informativos de radio y televisión es un espectáculo político vergonzoso y vergonzante, que da una imagen tercermundista de una localidad de casi 50.000 habitantes; no hablamos de un pueblito rural y atrasado, sino de una ciudad del tamaño de Ávila o Huesca.
Los responsables políticos de los grandes partidos, lejos de imponer cordura en este proceso, han avivado el fuego, apoyando lo inapoyable unos, y jaleando los otros, en una muestra más de la mediocridad que caracteriza a la actual clase política dirigente. A la vista de los hechos, no queda más que coger las palomitas y acomodarse en el sofá, para contemplar cómodamente el show.