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ESPECIAL 2018

Preservar la calidad del aire en las ciudades se ha convertido en un objetivo fundamental de la política medioambiental.
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Preservar la calidad del aire en las ciudades se ha convertido en un objetivo fundamental de la política medioambiental. (Foto: Kike Rincón)

Protocolos más exigentes, el colapso de los vertederos y la lucha por el Manzanares: 2018, en clave medioambiental

martes 25 de diciembre de 2018, 09:36h
La entrada en vigor del nuevo protocolo anticontaminación para la ciudad de Madrid, con medidas más restrictivas, ha sido, sin duda, la gran noticia medioambiental de 2018, un año en el que también se ha planteado el problema del colapso de los vertederos de la región y en el que el Manzanares se convirtió en campo de batalla entre los ecologistas y los remeros.

Probablemente lento; puede que incluso tarde, según los menos optimistas, pero lo cierto es que los madrileños vamos dando pasos hacia delante en materia medioambiental. Este 2018 ha sido el año del endurecimiento de los protocolos antincontaminación; el de especializarnos, desde la cotidianidad de nuestras cocinas, en gestión de residuos; el del 'no' al plástico porque sí o el de sentarnos a pensar qué hacemos con la basura que ya no cabe en los vertederos que hasta ahora nos permitían olvidarnos de que existía.

No nos queda otra. A principios de año se publicaban los informes definitivos de niveles de contaminación en 2017, que se disparaban en la ciudad según Ecologistas en Acción. Una decadencia de la calidad del aire madrileño que hay que frenar. El objetivo, incuestionable. La polémica, como siempre, aparece en la política elegida para alcanzarlo. El Ayuntamiento de la capital arrancaba 2018 anunciando un endurecimiento del protocolo que se venía aplicando en la ciudad cuando la contaminación entraba en picos. Y cierra el año con la resaca de la primera jornada en al que se activaron las restricciones de la nueva normativa. Por el medio, los clásicos: debates plenarios, críticas de la oposición, muchas dudas de los ciudadanos y, además, un enfrentamiento abierto con el Gobierno de la Comunidad de Madrid que obligó a suspender el nuevo protocolo durante más de diez días. Polémicas a parte, en 2018, Madrid ha estrenado protocolo anticontaminación, que sustituye el antiguo sistema de matrículas para aplicar las restricciones por los distintivos ambientales de la DGT, de activación más sensible y mucho más restrictivo.

En general, este año ha sido el de ajustar la forma en que nos movemos por la ciudad a la necesidad de preservar la calidad del aire que respiramos en ella; el año de la movilidad sostenible; el año, al final, de Madrid Central. La nueva APR de Centro entraba en vigor a finales de noviembre envuelta en una intensa polémica que se dibuja como uno de los principales frentes de batalla para 2019.

La Comunidad de Madrid también se ha propuesto este año endurecer su protocolo, ese que se aprobó a finales de 2017, concebido como un contenedor de las medidas para la calidad del aire de los grandes municipios y que en todo este año de vigencia no se ha activado ni una sola vez. De ahí, que el Ejecutivo regional se haya cuestionado si la normativa es demasiado laxa y haya decidido apretarle las tuercas. Aunque ya será, al menos, en 2019, la Consejería de Medio Ambiente adelantó las líneas generales de esta revisión del protocolo: dos niveles más, una nueva estación de medición fija y dos móviles y una ampliación de la obligación de elaborar protocolo propio a los municipios de más de 50.000 habitantes (hasta ahora, solo era obligatorio para las localidades de más de 75.000 habitantes). De hecho, el Ejecutivo de Garrido también ha aprovechado la recta final del año para 'pasar lista' de los municipios rezagados, que aún no han presentado sus acciones en este sentido a pesar de haber concluido el plazo.

Los residuos, un problema en la región

Vertedero de Valdemingómez (Foto: Gustavo San Miguel)

Quizás haya sido la clave medioambiental más sonada del año, sobre todo en tanto en cuanto afecta a la vida cotidiana de los madrileños, pero la calidad del aire y las medidas para preservarla no suponen el único reto ambiental en la región de este 2018. La gestión de residuos se dibuja como uno de los problemas a los que Madrid tiene que hacer frente de forma inminente y, en este 2018, las autoridades competentes se han sentado a la mesa para abordar la primera de las batallas: qué hacer con los residuos del vertedero de Alcalá de Henares, que acoge los desperdicios de más de 700.000 habitantes de los 31 municipios de la Mancomunidad del este y que está previsto que colmate en los próximos meses. El destino temporal de esos residuos hasta que finalice la construcción de la planta de Loeches, donde irán en el futuro, ha provocado otro enfrentamiento entre el Gobierno regional y el Ayuntamiento de Madrid, ya que la Comunidad ve en Valdemingómez la solución más factible y el Consistorio rehúsa de hacerse cargo de los residuos.

Mientras, el resto de Mancomunidades tampoco se ofrecen voluntarias y se libra una batalla paralela en torno a la ampliación del vertedero de Colmenar, otro de los grandes basureros de la región que se encuentra al límite.

La solución ideal es avanzar hacia el residuo cero, a base de reciclaje y de conciencia ciudadana. Poco a poco, los madrileños van especializándose en la gestión de residuos más cotidiana y, después de haber hecho hueco en sus casas a los cubos de envases (amarillo), vidrio (verde) y papel y cartón (azul), este año han abierto las puertas al nuevo cubo marrón. Tras una primera fase de pruebas que arrancó a finales de 2017, el pasado verano, el nuevo contenedor para basura orgánica empezaba a instalarse de forma definitiva -y gradual- en 12 disitritos.

A parte de autodescartarse para recibir los residuos del este, Valdemingómez sigue pendiente de su propia guerra. En verano, el Ayuntamiento