www.madridiario.es
Manuel Fernández Caballero (compositor, 1835-1906)
Ampliar
(Foto: Antonio Castro)

Manuel Fernández Caballero (compositor, 1835-1906)

martes 10 de noviembre de 2020, 19:24h

El maestro murciano Manuel Fernández Caballero tiene una hermosa tumba en el cementerio de Santa María, muy cercana a la de otras dos figuras, el actor Emilio Mario y el dramaturgo Luis Mariano de Larra. No es especialmente monumental, pero sí destaca por la cruz que remata el conjunto. En la base de la misma aparece una lira, rodeada de laurel y la inscripción: M.F. Caballero. Sobre la losa aparece en primer lugar el nombre del compositor, seguido de los de varios de sus descendientes.

Manuel nació el 14 de marzo de 1835 en el seno de una familia muy numerosa: él era el decimo octavo hijo. Con cinco años comenzó a cantar en el coro de las Agustinas de Murcia y a estudiar piano y violín. Con diecisiete años estrenó Oficio de difuntos en memoria de una hermana fallecida cuyo esposo había protegido al joven músico cuando se quedó huérfano. Se trasladó a Madrid en 1850 para estudiar composición, entre otros con Hilarión Eslava. Hacia 1852 logró ingresar en la orquesta del teatro Real y, poco después, ser nombrado director de la orquetas del teatro Variedades de la calle Magdalena.

La primera zarzuela que estrenó -en el teatro de ese nombre- se titula Tres madres para una hija, con libro de Antonio Alverá. El compositor firmó con el nombre de Florentino Durillo. Era la Nochebuena de 1854 y en el teatro Lope de Vega, originalmente conocido como de los Basilios. El estreno no mereció ni una línea ni apareció el nombre del músico. Pero tres años más tarde, con Juan Lanas, ya comenzó a ser conocido por el gran público. Esto publicó La Época (11-3-1857):

--La música de la zarzuela es lindísima; y en particular un dúo de las Sras. Soriano y Santa María, y dos cuartetos, fueron aplaudidos con verdadera espontaneidad y entusiasmo. El Sr. Fernández Caballero, que mereció el honor de ser llamado a la escena, es un compositor de talento y esperanzas.

La estancia en Cuba entre 1864 y 1871 hizo que su popularidad en España se retrasara. En 1877 estrenó Los sobrinos del capitán Grant, con gran éxito. De él escribió El Globo (6-2-1879):

En las obras del maestro Caballero se encuentra generalmente el sello de la originalidad, que es condición un tanto rara en la mayor parte de los compositores de música, nuestros contemporáneos y compatriotas. La música del Sr. Caballero se distingue también por el carácter y colorido de sus composiciones; conocedor de nuestros cantos nacionales, imprime a la música el color local que difícilmente puede imitar el compositor que carece de la flexibilidad de genio del señor Fernández Caballero y del conocimiento de nuestra música popular.

Volvió a marchar a América pero, definitivamente, en 1886 se estableció como empresario del teatro de la Zarzuela y en la década siguiente estrenaría allí los títulos más populares -y recordados- de su repertorio. Sufrió serios problemas oculares que le obligaron a dictar las partituras a su hijo Mario, aunque en 1902 una operación quirúrgica le devolvió parte de la visión. Entonces redactó su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes, de la que fue elegido miembro en el año 1891 en sustitución de José Inzenga. Fue legendaria su enemistad con Ruperto Chapí que, para más morbo, vivía en su mismo edificio.

Don Manuel compuso más de doscientas veinte zarzuelas de las que sobreviven en los teatros actuales Chateau Margaux, Los sobrinos del capitán Grant, El dúo de la africana, Gigantes y cabezudos y La viejecita. El resto han caído en el olvido. De Chateau Margaux (1887) se decía que algunos días se interpretaba en todos los teatros de España que programaban zarzuela. Temas como el dúo de la Africana y la gran jota de Gigantes y cabezudos son ejemplo de su inspiración para crear melodías inmediatamente pegadizas. Esta zarzuela se estrenó el 29 de noviembre de 1898. El maestro y Miguel Echegaray tuvieron el acierto de llevar a la escena el drama de la pérdida de Cuba. La protagonista recibe una carta de su novio, movilizado en la isla. Pero confiesa en una bellísima romanza que no sabe leer. Después aparecen en escena los repatriados de la derrota, que interpretan un coro lleno de emoción: Por fin te veo, Ebro famoso. Echegaray, Ramos Carrión o Jackson Veyán fueron algunos de los libretistas de sus mejores trabajos. Títulos como los citados también son gloriosos ejemplos de buena simbiosis entre texto y música. Son libros cuidados y originales que sobresalen sobre la mediocridad generalizada del género chico y aún del grande. Sus composiciones contribuyeron no poco a cimentar el prestigio de Lucrecia Arana, una de las sopranos legendarias de nuestra zarzuela.

El 26 de febrero de 1906 moría el compositor a consecuencia de una pulmonía. Estaba casado con Trinidad de la Puente y tenían tres hijos. Quince días antes se había estrenado en el Apolo la que sería su última zarzuela: María Luisa, con libro de Ramos Carrión. Él mismo dirigió la orquesta. Después, el 22 de ese mes también se estrenó en la Zarzuela el sainete lírico La cacharrera, compuesto en colaboración con Mariano Hermoso. Dejó concluida, entre otras partituras, El lego de san Pablo, que se estrenó en La Zarzuela el 22 de diciembre de ese año. Fue la ocasión de rendirle homenaje, personificado en su hijo Manuel Fernández de La Puente, hijo del maestro y libretista de este título. Padre e hijo ya habían colaborado con anterioridad en El Dios grande (1903).

Manuel Fernández Caballero

Cementero Sacramental de Santa María

Patio de la Concepción.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios