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Ana Botella alcaldesa de Madrid interviene en el desayuno informativo del Forum Europa en el hotel Ritz
Ana Botella alcaldesa de Madrid interviene en el desayuno informativo del Forum Europa en el hotel Ritz

Botella, en el 'avispero'

viernes 27 de septiembre de 2013, 07:30h

Digerida la derrota olímpica, ha comenzado la carrera de fondo hasta las elecciones municipales. En el Ayuntamiento de Madrid se han empezado a afilar los cuchillos porque la pelea promete ser de las más encarnizadas de la última década. Madridiario analiza cuál es la situación política en el Consistorio.

La capital es importante políticamente. Muy importante. Porque es más que la mitad de la población de la región y tiene la mayor parte del peso económico. Pero es que, a duras penas se puede ganar la región sin la capital. Y la Comunidad de Madrid es, junto con Valencia, el bastión del PP a nivel nacional. Si se pierde, el mazazo psicológico para los populares, que ya vendrán escarmentados de las elecciones europeas, puede influir mucho en los comicios generales.

Mientras Ignacio González tiene que fajarse en su pelea interna, con un PP de Madrid que no termina de poner a sus pies y un Mariano Rajoy que no parece quererle en el puesto, Madrid se ha convertido en la hoguera de todas las vanidades políticas de los populares. Ana Botella llega con una derrota olímpica a las espaldas y con el fantasma de Madrid Arena pendiente de los tribunales. Además, queda la herencia de Ruiz-Gallardón: un 'campo de minas' que obliga a la esposa del expresidente José María Aznar a estar deshaciendo entuertos de los que no es la responsable constantemente. Demasiado desgaste para dos años de Gobierno. Sus afines aseguran que tiene cuerda para rato, que va a terminar la legislatura y que, si puede, seguirá en el puesto. Otros hablan de que está cansada y que Cibeles le roba tiempo para estar con su familia. 

Todos hablan de que se va a trabajar hasta el final para que el PP vuelva a revalidar su mayoría, pero muchos dudan de que conseguirla vuelva a ser un paseo militar. Incluso ya se habla abiertamente de una posible derrota y, los más críticos, admiten la necesidad de que vengan otros para dar más salud democrática a la vida municipal de la capital. Los hay que piensan que la diferencia entre la vida y la muerte está en el candidato. Y más de un concejal popular asegura que la actual regidora es caballo perdedor. "La diferencia está en que con Botella nos arriesgamos a perder el Ayuntamiento, mientras que con otro candidato, podemos ganar las elecciones, aunque no está claro si podríamos gobernar en coalición", comenta un edil popular. Uno de los afines a la alcaldesa defiende que "los ciudadanos van a ver el trabajo que se ha hecho por poner en orden la ciudad, cuadrando cuentas y saneando el Ayuntamiento. Eso se reflejará en las urnas".

En ese marco, en el PP han empezado discretamente los movimientos. Los que circunscriben el análisis a las familias del partido hablan de un tiempo confuso. Los 'botellistas' tratan de marcar el paso, aunque saben que la arena del reloj se les está acabando para que la ciudad vea la luz al final del túnel y que haya crédito político con el que luchar por que la regidora repita como candidata. Los 'aguirristas' están debilitados pero siguen siendo mayoría. La llegada de Botella fomentó que varios ediles se acercasen a la nueva líder en el Ayuntamiento para intentar mejorar sus circunstancias, algo que desde el grupo de la expresidenta no han olvidado. La dicotomía de estos últimos pasa por esperar a una hipotética candidatura de Esperanza Aguirre en el último minuto o apoyar en masa la posible llegada de Cristina Cifuentes al Ayuntamiento. Una indecisión que no sorprende cuando los ediles admiten que en el PP de Madrid ya no hay un apoyo tan unánime a la 'lideresa', y se critica por lo bajo que a su proyecto se le ven desde hace tiempo las costuras.

La delegada del Gobierno, muy querida entre los mandos intermedios del PP, ya cuenta con concejales que, en privado, le prometen su apoyo. Sin embargo, más de uno admite que, si fuese candidata, el PP tendría que hacer un esfuerzo adicional para ganar un pulso electoral que se prevé complicadísimo, al contrario de lo que ocurrió con Ruiz-Gallardón o Aguirre. Además, queda saber si, después de su accidente, desea continuar en primera línea de fuego. Y aún quedan 'gallardonistas'. Con su líder en horas bajas y su proyecto prácticamente desmantelado entre la crisis y la gestión necesariamente austera de Botella, solo les queda esconderse bajo el ala de la alcaldesa para sobrevivir en este avispero o prepararse la salida. Pero hay otro punto de vista para analizar este asunto. Es una pura cuestión de poder. Solo sobrevivirá el que tenga el partido en la mano. Es decir, los concejales que estén sustentados por una base de militantes que les apoyen. Es decir, controlar los distritos, auténticas capitales de provincia concentradas en una sola ciudad. En esa labor tendrán que prodigarse los que se postulen a liderar el PP de la capital o, simplemente, los que quieran quedarse en el Ayuntamiento.

¿Y la oposición?: Frotándose las manos. Desde el PSOE plantean que esta vez hay partido. Solo tienen que convencer a su mayoría de votantes que pueden sacar unos números que les permitan hacer salir a Botella por la puerta de atrás y gobernar, aunque, salvo milagro, sería en coalición con Izquierda Unida. Lo que no está tan claro es que sea Jaime Lissavetzky el que continúe como portavoz, porque el pulso entre Tomás Gómez y Ferraz continúa, y el portavoz municipal es uno de los principales quintacolumnistas con que cuenta Rubalcaba en Madrid. Los de Ángel Pérez, que, por cierto, pelea como gato panza arriba para que no lo confinen de nuevo al Ayuntamiento en la próxima legislatura, saben que el tiempo, las circunstancias y la labor de los partidos mayoritarios juegan a su favor. Van a ser los más beneficiados, siempre que consigan que la eterna guerra interna de IU no lastre el momento dulce de la formación. El otro gran beneficiado es UPyD, que solo tiene que dejar hacer porque aún cuenta con margen de crecimiento antes de consolidar su base política en un ratio de votantes. David Ortega y los suyos tienen como problema la inexperiencia en labores municipales, pero tienen tiempo para mejorar, siempre que en el largo año y medio que queda, con unas elecciones europeas de por medio, no sufran inestabilidades en la cúpula de su partido, como ya ocurrió en anteriores comicios.

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